Estudios internacionales: discriminación sigue siendo un problema real

Una revista académica publicó siete investigaciones sobre diversidad sexual en Europa, Asia y América Latina justo para el 28 de junio. Los hallazgos son incómodos, necesarios, y hablan directo a nuestra realidad.

Mientras miles de personas marchaban por las calles del mundo el fin de semana del 28 de junio, la revista académica internacional Masculinities & Social Change hacía su propio aporte al Día Internacional del Orgullo LGBTI+: publicar siete estudios recientes sobre masculinidades, sexualidad, identidad de género y cambio social en distintos contextos culturales. Los países involucrados van desde España hasta China, pasando por Indonesia, India y América Latina. El mensaje que emerge de todos ellos, leído en conjunto, no es precisamente optimista: la discriminación contra las personas LGBTI+ sigue siendo amplia, persistente y adaptable a cada cultura. Pero también hay señales de avance, y eso importa.

Para los y las que vivimos en Chile, estos estudios no son noticias de otro planeta. Son un espejo. Nuestro país tiene sus propias versiones de cada uno de estos fenómenos: jóvenes LGBTI+ que no encuentran apoyo en sus colegios, gays migrantes que negocian su identidad en contextos hostiles, medios que distorsionan la realidad de la comunidad, y lugares de trabajo que todavía no saben cómo ser verdaderamente inclusivos. Leer estos estudios con ojos chilenos es un ejercicio revelador.

Los jóvenes saben que la discriminación existe, aunque nadie se los enseñe

Uno de los estudios más elocuentes es el de González-de-Garay y sus colaboradores, enfocado en jóvenes LGBTI+ en España. Los resultados muestran que los y las adolescentes y adultos y adultas jóvenes de la comunidad están altamente comprometidos con el activismo, tienen buen conocimiento de las iniciativas legales a su favor, y en su gran mayoría consideran que la discriminación contra las personas LGBTI+ persiste en la sociedad. El hallazgo que más llama la atención: muchos y muchas perciben que sus profesores y profesoras no les brindan el apoyo adecuado.

Esto resuena fuerte en Chile. Basta mirar las cifras del informe anual del Movilh para entender que el bullying homofóbico en los establecimientos educacionales sigue siendo uno de los tipos de discriminación más frecuentes que registra la organización. Los y las jóvenes LGBTI+ chilenos y chilenas aprenden a reconocer la discriminación no porque el sistema educativo los y las prepare para ello, sino a pesar de él. Esa brecha entre lo que los y las estudiantes necesitan y lo que los y las docentes entregan no es un problema español: es universal, y Chile no es la excepción.

El cine como campo de batalla: visibilidad, opresión e identidad

Dos de los estudios analizan la representación de personas LGBTI+ en el cine, y sus conclusiones son complementarias. El primero, de Ahmadi, examina la imagen de la homosexualidad en el cine indonesio y encuentra múltiples formas de opresión: invisibilización, violencia y auto-represión. Además, identifica cómo los hombres gays en esas películas intentan afirmar su masculinidad adoptando roles tradicionalmente heteronormativos, como una estrategia de supervivencia dentro de una industria y una sociedad que los rechaza.

El segundo estudio de Ahmadi se centra en la película “Girl” y analiza cómo una persona trans construye su identidad femenina a través de cambios personales, corporales y de comportamiento, enfrentando al mismo tiempo apoyo mixto de su familia y un rechazo social continuo. Ambos trabajos apuntan a algo que la comunidad LGBTI+ en Chile conoce bien: los medios y el arte pueden tanto liberar como oprimir, dependiendo de cómo retraten nuestras vidas. Por eso cada serie, cada película, cada crónica que nos muestra como personas completas y no como caricaturas o tragedias ambulantes es, también, un acto político.

Redes sociales, desinformación y el caso del mpox

El estudio de Álvarez-Guerrero y su equipo toma un ángulo distinto y analiza cómo se difundió información sobre el mpox (antes conocido como viruela del mono) en redes sociales occidentales y chinas. El hallazgo es preocupante: las redes occidentales como X comparten más información falsa y menos evidencia científica sobre la enfermedad que la plataforma china Weibo. Esto no es un dato menor para la comunidad LGBTI+, que históricamente ha sido blanco de narrativas de pánico moral asociadas a enfermedades, desde el VIH/sida en los años 80 hasta el mpox más recientemente.

En Chile, durante el peak de los casos de mpox en 2022 y 2023, circularon mensajes que asociaban la enfermedad de manera casi exclusiva a hombres gays y bisexuales, repitiendo un patrón de estigmatización que ya conocemos muy bien. La desinformación en redes sociales tiene consecuencias reales: aleja a las personas de la atención médica, alimenta el rechazo y genera un clima de miedo que perjudica especialmente a quienes ya están en situación de vulnerabilidad. Que las propias plataformas occidentales sean un vector de ese problema debería hacernos pensar dos veces antes de dar por bueno lo que leemos.

“Los y las jóvenes LGBTI+ están altamente comprometidos con el activismo y bien informados sobre las iniciativas legales, pero en su mayoría perciben que la discriminación persiste y que sus profesores y profesoras no les brindan el apoyo adecuado.” — González-de-Garay et al., Masculinities & Social Change, 2023

Ser gay y migrante: negociar la identidad en la ciudad

El estudio de Huifeng sobre hombres gays migrantes en zonas urbanas de China ofrece una perspectiva que también tiene mucho que decir en el contexto latinoamericano. La investigación encuentra que estos hombres desarrollan distintas estrategias de identidad para gestionar simultáneamente su orientación sexual y su rol como hijos dentro de una cultura donde las expectativas familiares pesan enormemente. No es solo ser gay en una sociedad que no lo acepta; es también ser migrante, ser hijo, ser hombre, y tener que negociar todo eso al mismo tiempo.

En Chile, la comunidad LGBTI+ migrante, proveniente principalmente de Venezuela, Colombia, Perú y Haití, enfrenta una doble vulnerabilidad: la discriminación por orientación sexual o identidad de género, y la discriminación xenófoba. Son personas que llegan a un país nuevo sin redes de apoyo, muchas veces sin conocer sus derechos, y que deben construir su identidad desde cero en un contexto que puede ser tan o más hostil que el que dejaron atrás. Este estudio nos recuerda que la diversidad dentro de la diversidad también existe, y que las políticas de inclusión deben considerar esa complejidad.

El trabajo: ¿cuánto importa tener un amigo gay en la oficina?

El estudio de Shaikh y su equipo, basado en India, analiza cómo los hombres heterosexuales en entornos laborales forman sus percepciones sobre sus colegas gays. Los resultados son relativamente alentadores: tener amistad con colegas gays, una representación mediática más positiva y políticas laborales inclusivas contribuyen a crear mejores ambientes de trabajo. Dicho de otro modo, la exposición directa y positiva cambia actitudes. No es filosofía; es evidencia.

Esto tiene implicancias prácticas para Chile, donde el lugar de trabajo sigue siendo uno de los espacios con más denuncias de discriminación hacia personas LGBTI+. Las empresas que creen que con poner una bandera arcoíris en el logo durante junio ya cumplieron, están muy lejos de entender lo que realmente se necesita. Políticas concretas, capacitación genuina y —sí— la posibilidad de que las personas puedan ser ellas mismas sin miedo en su lugar de trabajo son lo que hace la diferencia. El estudio lo dice con datos: el cambio cultural viene de adentro, no de la decoración.

Lo que la ciencia nos dice, y lo que nosotros y nosotras hacemos con eso

Siete estudios, siete países, siete ángulos distintos para mirar la misma realidad: ser parte de la comunidad LGBTI+ en 2026 todavía implica navegar un mundo que no fue diseñado para nosotros y nosotras, y que en muchos espacios sigue activamente hostil. Eso no es derrotismo; es el diagnóstico honesto desde el cual hay que seguir construyendo. La investigación académica es una herramienta. Nos dice dónde están los problemas, qué funciona y qué no. Lo que hacemos con esa información es nuestra responsabilidad.

En Chile, tenemos la suerte de contar con organizaciones como el Movilh y la Fundación Iguales que sistemáticamente documentan la realidad de nuestra comunidad y la ponen sobre la mesa pública. Pero también necesitamos que esa información llegue a los colegios, a los consultorios, a las empresas, a los medios de comunicación y a los pasillos del Congreso. El Orgullo no termina el 28 de junio. Es una postura permanente frente a un mundo que todavía necesita que le recordemos que existimos, que somos muchos y muchas, y que no vamos a ninguna parte.

“Las amistades con colegas gays, una representación mediática más positiva y políticas laborales inclusivas contribuyen a construir mejores ambientes de trabajo.” — Shaikh et al., Masculinities & Social Change, 2026

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