Turquía le cierra las puertas a un crucero gay con 2.700 pasajeros a bordo

Turquía veta el ingreso de Crucero Gay al país

El gobierno turco prohibió el ingreso a sus aguas territoriales del crucero de Atlantis, empresa especializada en turismo LGBTI+. La medida coincide con el cierre del bar gay más antiguo de Estambul y la detención de decenas de personas en el Orgullo.

Imagina que llevas meses organizando tus vacaciones soñadas: un crucero por el Mediterráneo con personas como tú, música, sol y la posibilidad de recorrer lugares históricos impresionantes. Luego, a días de zarpar, el gobierno de uno de los países en tu itinerario simplemente dice “no son bienvenidos aquí”. Eso es exactamente lo que acaba de hacer Turquía con el crucero de Atlantis, una de las empresas de turismo LGBTI+ más reconocidas del mundo.

Las autoridades turcas prohibieron la entrada a sus aguas territoriales de un crucero con aproximadamente 2.700 pasajeros y pasajeras a bordo, la mayoría de ellos y ellas gays. El barco tenía previsto zarpar desde Atenas el 7 de julio, recorrer los mares Egeo, Jónico y Adriático, y llegar a Venecia el 15 de julio. Dentro de ese itinerario estaban contempladas dos escalas en territorio turco: el 7 de julio en Kusadasi, tradicional punto de partida para visitar las ruinas de Éfeso, y los días 8 y 9 de julio en Estambul. Ninguna de esas paradas se realizará. La decisión, reportada por medios locales turcos el lunes 29 de junio, fue presentada por varios diarios afines al gobierno islamista del presidente Recep Tayyip Erdogan como una “victoria”.

No es un accidente: es una política de Estado

Lo que ocurrió con el crucero de Atlantis no es un episodio aislado ni un malentendido burocrático. Según informó la agencia de noticias EFE, la prohibición llegó tras una avalancha de peticiones enviadas directamente a la Presidencia turca exigiendo que el barco no fuera autorizado a atracar. Las autoridades respondieron. Y lo hicieron exactamente el mismo fin de semana en que Estambul, que solía ser sede del Orgullo LGBTI+ más grande de la región, volvió a ver cómo sus calles se convertían en zona de persecución: en los últimos siete días, cincuenta personas fueron detenidas por participar, o simplemente por ser sospechosas de planear participar, en marchas del Orgullo. Las marchas del Orgullo en esa ciudad están prohibidas desde 2015. Entre las detenidas se encontraba incluso una periodista, Muberra Unsal, quien, según la Unión Turca de Periodistas, se identificó repetidamente como prensa antes de ser arrestada.

Y eso no es todo. Casi en paralelo, se anunció el cierre del Club TekYön, considerado el bar de ambiente gay más antiguo de Estambul. La oficina del gobernador, que depende del gobierno central, justificó la clausura con la vaga acusación de “prácticas y operaciones que violaban la legislación vigente”, sin entregar más detalles. Algunos medios conservadores turcos vincularon el cierre del bar con la llegada del crucero, afirmando que el local iba a organizar una fiesta para los y las pasajeras. Los propietarios del club desmintieron cualquier conexión con Atlantis y aclararon que solo pensaban invitar a los visitantes a un evento en su local, como lo haría cualquier negocio con turistas. De nada sirvió la aclaración.

“El régimen represivo de Turquía ya no se limita a prohibir las marchas del Orgullo en las calles; ahora está criminalizando los negocios privados, los espacios seguros de entretenimiento e incluso el turismo internacional.” – Defne Güzel, ONG Kaos GL, en declaraciones a EFE.

La voz de quienes resisten desde adentro

La ONG Kaos GL, la organización de derechos LGBTI+ más importante de Turquía, fue categórica al analizar lo que está ocurriendo. Para Kaos GL, el veto al crucero, el cierre del club y las detenciones del Orgullo son parte de lo mismo: una política sistemática y coordinada del Estado turco para eliminar por completo los espacios vitales, la visibilidad y la propia existencia de las personas LGBTI+ en el país. Defne Güzel, integrante de la organización, denunció ante EFE que ya no se trata solo de prohibir marchas en las calles. Ahora el Estado está criminalizando los negocios privados, los espacios de entretenimiento seguros y el turismo internacional. Desde Kaos GL alertaron además que las personas LGBTI+ turcas están siendo empujadas hacia una espiral de aislamiento económico, social y cultural de consecuencias difíciles de dimensionar.

Es importante aclarar que la homosexualidad no está tipificada como delito en Turquía. Sin embargo, esa formalidad legal contrasta brutalmente con la realidad cotidiana de la comunidad LGBTI+ en ese país. El presidente Erdogan ha utilizado a las personas gays, lesbianas y trans como blanco recurrente de ataques verbales, y su gobierno ha construido una narrativa en la que la diversidad sexual se presenta como una amenaza a los “valores” de la nación. En ese contexto, el veto a un crucero de turismo LGBTI+ no sorprende: es la continuación lógica de una política que lleva años escalando.

¿Y la empresa Atlantis? ¿Qué pasa con los y las pasajeras?

Al momento de publicarse esta nota, la empresa Atlantis, con sede en Estados Unidos, no había respondido a las solicitudes de información de la agencia EFE. De hecho, llamativamente, la página web de la compañía aún mantenía las dos escalas turcas en la descripción del viaje, a pesar de que la prohibición ya había sido reportada por medios locales. Esto deja una situación bastante incómoda para los 2.700 turistas y turistas que abordaron el crucero esperando recorrer Éfeso y Estambul. Por ahora, el barco deberá replantear su ruta, y quienes pagaron por esas escalas se quedan sin ellas. No hay confirmación oficial de qué destinos reemplazarán los puertos turcos en el itinerario.

Una señal que va más allá del Mediterráneo

Para quienes seguimos de cerca la situación de los derechos LGBTI+ a nivel global, este episodio es una señal preocupante que va mucho más allá de Turquía. Muestra la facilidad con que un Estado puede movilizar presión social y convertirla en política pública discriminatoria, en cuestión de días. Muestra también que la comunidad LGBTI+ internacional, incluso cuando viaja en espacios propios y seguros como un crucero de Atlantis, no está exenta de la hostilidad de los gobiernos. Y muestra, sobre todo, la fragilidad de los derechos cuando no existe un marco legal que los proteja de verdad.

“Una sistemática y coordinada política estatal para eliminar completamente los espacios vitales, la visibilidad y la propia existencia de las personas LGBTI.” – ONG Kaos GL, Turquía.

En Chile, hemos avanzado en materia de derechos LGBTI+ en los últimos años, aunque queda mucho camino por recorrer. Pero lo que ocurre en Turquía nos recuerda que los derechos no se pueden dar por garantizados, y que la visibilidad, el turismo y los espacios de encuentro comunitario también son frentes de lucha. El crucero de Atlantis seguirá navegando, sin escalas turcas. Pero los y las activistas de Kaos GL se quedan en Estambul, resistiendo.

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