Más de 100 mil personas marcharon por el Orgullo en Santiago

Marcha Orgullo Santiago Chile 2026

La XXVI Marcha del Orgullo llenó la Alameda de color y memoria el sábado 28 de junio, con los adultos mayores LGBTI+ encabezando un desfile histórico que exigió frenar el alza de la discriminación en Chile.

Santiago amaneció frío el sábado, como corresponde a un junio austral, pero eso no detuvo a nadie. Desde temprano, Plaza Baquedano se fue llenando de banderas arcoíris, pancartas, vestuarios de colores imposibles y una energía que hacía mucho no se veía con tanta fuerza en las calles de la capital. Incluso la Torre Entel se sumó a la jornada: su pantalla exhibió una bandera arcoíris en señal de apoyo a la marcha, un guiño desde lo alto lo que no pasó desapercibido entre los y las asistentes. Más de 100 mil personas, según las cifras entregadas por las organizaciones convocantes, participaron en la XXVI Marcha del Orgullo, que recorrió la Alameda desde la plaza Italia hasta Plaza Los Héroes. La XXVI Marcha del Orgullo fue convocada por el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) y la Fundación Iguales, dos de las organizaciones de derechos LGBTI+ más relevantes de Chile.

Para los y las que estuvieron ahí, fue mucho más que un desfile. Fue un recordatorio de que la comunidad LGBTI+ chilena existe, resiste y no tiene ninguna intención de volver al silencio. En un año marcado por un preocupante aumento de las denuncias por discriminación y por un clima político que no siempre ha sido favorable a los derechos conquistados, salir a la calle fue también un acto político claro: lo que se ganó, no se devuelve.

Los que abrieron el camino, encabezaron la marcha

El elemento más emotivo de esta edición fue la decisión de poner a los adultos mayores de la comunidad LGBTI+ al frente de la columna. No fue un gesto simbólico menor: fue un reconocimiento explícito y necesario a quienes vivieron su juventud durante la dictadura, cuando expresar libremente la orientación sexual o la identidad de género podía significar la cárcel, la exclusión laboral o la violencia física. Personas que marcharon de todas formas. Que no dejaron de luchar aunque nadie los y las viera.

Javiera Zúñiga, vocera del Movilh, fue directa al explicar la decisión: muchas de esas personas adultas vivieron tiempos en que la homosexualidad era perseguida por el Estado, y sin embargo nunca abandonaron la lucha por una sociedad más justa. Verlos y verlas encabezar la marcha fue uno de esos momentos que te aprietan el pecho de la mejor manera posible. Porque no hay Orgullo sin memoria. Y esta comunidad tiene una memoria larga, llena de valentía y de nombres que no siempre aparecen en los libros de historia.

Las cifras que alarman: discriminación al alza

En medio de la celebración, las organizaciones también pusieron sobre la mesa datos que no se pueden ignorar. Durante la marcha se dieron a conocer cifras del XXIV Informe Anual de los Derechos Humanos de la Diversidad Sexual y de Género del Movilh, que reportó un aumento del 27,1% en los casos y denuncias por discriminación durante el último año. El número total llegó a 3.620 vulneraciones registradas, la cifra más alta desde que el Movilh lleva este registro. Abusos laborales, bullying, agresiones en la vía pública, obstáculos para el ejercicio de derechos, violencia familiar y, en los casos más graves, asesinatos.

Esos números no son estadísticas abstractas. Detrás de cada uno hay una persona real, con nombre y apellido, que vivió una situación de discriminación o violencia por ser quien es. Por eso el Movilh y la Fundación Iguales aprovecharon la marcha para reiterar sus demandas concretas al Estado: reforma a la Ley Zamudio, fortalecimiento de las sanciones frente a los discursos de odio y nuevas medidas para enfrentar la discriminación de manera efectiva. El Orgullo no es solo fiesta; también es exigencia.

“Muchas personas, hoy adultas, vivieron su juventud en tiempos en que expresar libremente la orientación sexual o la identidad de género podía significar la cárcel. Sin embargo, muchos nunca dejaron de luchar por una sociedad más justa e inclusiva. Porque no hay Orgullo sin memoria, es que este año marchamos junto a los adultos mayores.” — Javiera Zúñiga, vocera del Movilh

Un contexto que no es menor

La XXVI Marcha del Orgullo se realizó en un momento de particular relevancia para la comunidad LGBTI+ no solo en Chile, sino en el mundo. En varios países los derechos conquistados están siendo cuestionados o revertidos activamente. En Chile, el gobierno de José Antonio Kast no ha mostrado simpatía por la agenda de diversidad, y desde distintos sectores políticos y religiosos se escuchan voces que buscan desandar lo avanzado. Las organizaciones fueron explícitas al convocar la marcha: se sale a la calle “ante la urgente necesidad de alzar la voz frente a las arremetidas nacionales e internacionales que están poniendo en jaque los derechos LGBTIQ+”.

En ese contexto, que más de cien mil personas hayan dicho presente tiene un peso político real. No es solo una celebración de la diversidad, aunque también lo es. Es una señal inequívoca de que hay una comunidad organizada, movilizada y dispuesta a defender lo que se ha construido durante décadas. Como dijo el propio Movilh al convocar la marcha: “Lo que ganamos no se devuelve. Con la misma fuerza que surgimos para quedarnos, defenderemos lo conquistado, para que Chile no retroceda.”

“Lo que ganamos no se devuelve. Con la misma fuerza que surgimos para quedarnos, defenderemos lo conquistado, para que Chile no retroceda.” — Movilh y Fundación Iguales

El cierre que fue una fiesta y una declaración

La columna llegó a Plaza Los Héroes con la energía intacta, o incluso más alta que al comienzo. Ahí esperaba un acto cultural con presentaciones artísticas, música y actividades orientadas a celebrar la diversidad y la igualdad. Porque el Orgullo es eso también: alegría, comunidad, el placer de estar juntos y juntas en un espacio donde no hay que esconder nada ni pedir disculpas por existir. Delegaciones internacionales, organizaciones sociales, representantes de derechos humanos y miles de personas que simplemente decidieron salir a decir que están ahí, que existen, que importan.

Para los y las que somos parte de esta comunidad en Chile, el sábado fue un recordatorio hermoso y necesario de que no estamos solos ni solas. Que hay historia detrás de nosotros y nosotras, construida por personas que lo dieron todo mucho antes de que hubiera leyes que nos protegieran. Y que esa historia obliga a seguir adelante, a no bajar la guardia, a ocupar la calle cada vez que haga falta. Porque la igualdad no se regala: se conquista, se defiende y se celebra. Con tacones o sin ellos, pero siempre con Orgullo.

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