La Marcha del Orgullo 2026 terminó con dos relatos que no se pueden ignorar

El Movilh denuncia un ataque antidemocrático. La disidencia habla de protesta legítima y debate político pendiente. Dos versiones del mismo 27 de junio en la Alameda, y una comunidad que necesita escuchar ambas.

El 27 de junio de 2026, víspera del Día Internacional del Orgullo LGBTI+, Santiago fue escenario de algo inédito: dos marchas que salieron en direcciones opuestas y se encontraron de frente en la Alameda. Una fue la convocada por el Movilh y la Fundación Iguales, que partió desde Plaza Italia hacia Los Héroes. La otra fue la contramarcha de la disidencia, que salió desde Los Héroes en sentido contrario. El encontrón ocurrió en San Francisco con Alameda, duró más de una hora y dejó registros, heridas y versiones que todavía están en disputa. GayChile revisó ambas y las pone sobre la mesa, porque no hay forma honesta de contar este día eligiendo solo una.

Lo que denuncia el Movilh

En su comunicado oficial del 30 de junio, el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) calificó lo ocurrido como un ataque antidemocrático y violentista. Según su relato, una veintena de personas auto-identificadas como “disidentes” se instaló frente al camión-escenario, bloqueando el recorrido previamente coordinado y autorizado por las autoridades. Los agresores, según el Movilh, lanzaron huevos, latas de cerveza, hielo, botellas y bolsas con agua contra el camión y contra activistas que pedían paso. El camión intentó cambiar de calzada, pero el grupo se reubicó y volvió a cortar el avance. Solo la intervención de Carabineros permitió retomar la marcha.

El Movilh también documentó daños concretos a personas: una mujer empujada y derribada al suelo mientras buscaba un baño, y un joven que no pudo hacer su propuesta de matrimonio porque los gritos acallaron ese momento. La organización denunció además una campaña de desinformación posterior en redes sociales, en la que los responsables del bloqueo se presentaron como víctimas. Y señaló algo especialmente grave: uno de los grupos participantes, identificado como Bloque de Acción Disidente, es el mismo que vandalizó el año pasado el memorial donde descansan los restos de Daniel Zamudio, un hecho documentado por el propio Movilh en su momento.

“La manifestación pacífica y libre, sin imposiciones de ningún tipo, es un derecho humano que ninguna fuerza antidemocrática podrá jamás detener ni acallar.” (Movilh, comunicado oficial, 30 de junio de 2026)

Lo que dice la disidencia

Víctor Hugo Robles, el Ché de los Gays, periodista y activista histórico del movimiento LGBTI+ chileno, estuvo presente en la contramarcha. Su lectura de los mismos hechos es radicalmente distinta. Para Robles, el bloqueo del camión durante más de una hora no fue violencia sino demostración de contrapoder: la calle organizada poniendo en jaque a una conducción que considera verticalista y alejada de las bases. Desde su perspectiva, la contramarcha fue una protesta legítima contra el modelo político que encarna el Movilh y su dirección histórica, no un ataque a la comunidad LGBTI+.

Robles también invierte la descripción del desenlace: según su relato, fue el Movilh quien finalmente avanzó con fuerza entre la multitud, resguardado por Carabineros, mientras la contramarcha resistía. El propio Robles dice haber sido agredido durante los incidentes, con un intento de robo de su celular. Y plantea una pregunta de fondo que va más allá de los hechos físicos: ¿quién tiene derecho a definir cómo se conmemora el Orgullo? Su posición es directa. “El Orgullo no es fiesta. El Orgullo es protesta.”

“El Orgullo no es fiesta. El Orgullo es protesta.” (Víctor Hugo Robles, el Ché de los Gays, sobre la jornada del 27 de junio de 2026)

Dónde chocan y dónde coinciden

Las dos versiones se contradicen en lo fundamental: quién agredió a quién y qué fue legítimo y qué no. Pero en algunos puntos convergen sin quererlo. Ambos lados confirman que el bloqueo existió y duró más de una hora. Ambos confirman que Carabineros intervino a solicitud del Movilh. Ambos confirman que hubo empujones, forcejeos y una escalada de tensión que afectó a las personas que ese día solo querían marchar. Y ambos lados tienen testigos, aunque con interpretaciones opuestas de los mismos hechos.

Lo que no coincide, y es importante decirlo, es la interpretación del significado político de todo esto. Para el Movilh, lo ocurrido fue un ataque a la libertad de expresión y movilización, que ha sido instrumentalizada por sectores abiertamente contrarios a los derechos LGBTI+. Para Robles y la disidencia, fue una protesta válida contra una organización de la que acusan lleva décadas operando sin suficiente rendición de cuentas interna.

Las voces que quedaron en el medio

Más allá de las organizaciones y sus dirigentes, ese día había decenas de miles de personas que marchaban sin bandera de ningún bloque. Sus voces también importan. “Aquí tiene que haber espacio para todo tipo de protesta, aunque al Movilh no le guste”, dijo un asistente entrevistado durante la jornada, según el relato de Robles. Otra persona fue más directa en pedir equilibrio: “Nos tenemos que respetar todos y todas, independientemente del idealismo que tengamos.”

“Nos tenemos que respetar todos y todas, independientemente del idealismo que tengamos.” (Asistente a la Marcha del Orgullo 2026, citado por Víctor Hugo Robles)

Esas voces intermedias son probablemente las más representativas de lo que vivieron los y las asistentes que no forman parte de ninguno de los dos bloques en disputa. Personas que querían celebrar, que querían protestar, que querían proponer matrimonio o simplemente estar juntas y juntos ese día. El hecho de que una parte importante de la jornada haya sido copada por este conflicto es, en sí mismo, una pérdida para la comunidad, independientemente de quién tenga razón en el relato de los hechos.

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