Lenacapavir es un fármaco innovador: el primer inhibidor de cápside del VIH aprobado por la FDA (2022) y la EMA (2023). Su mecanismo actúa en varias etapas del ciclo viral, lo que lo hace especialmente útil en casos de VIH multirresistente o con trayectorias complicadas de tratamiento. Además, su presentación semestral (inyección subcutánea tras dosis inicial oral) reduce la carga de toma diaria de pastillas, algo que muchos y muchas que viven con VIH sienten como fatiga terapéutica.
Esto no es un lujo tecnológico: es una respuesta adaptada a realidades complejas. Para personas trans, migrantes, trabajadoras sexuales o quienes viven en zonas rurales, donde el acceso a hospitales, transporte y adherencia diaria es una batalla constante, un régimen semestral puede marcar la diferencia entre mantenerse en tratamiento o abandonarlo.
La exigencia de Acción Gay
Acción Gay, una de las organizaciones LGBTI+ con mayor trayectoria en la lucha contra el VIH en Chile, presentó una solicitud formal ante el Ministerio de Salud para que el lenacapavir sea incorporado a la Guía Clínica de VIH, el documento oficial que establece los protocolos de diagnóstico, tratamiento y seguimiento de personas que viven con el virus en el sistema público.
La guía clínica es, en la práctica, el manual que usan los médicos y médicas del sistema público para tomar decisiones terapéuticas. Si un fármaco no está en ella, no existe institucionalmente, por más que sea eficaz o esté aprobado por agencias internacionales. Incluir el lenacapavir en ese documento significaría que los médicos podrían prescribirlo y que el sistema público podría financiarlo para quienes lo necesitan.
¿Por qué es urgente?
Chile sigue enfrentando un aumento sostenido en los diagnósticos de VIH, con más de 6.000 nuevos casos anuales según cifras del Ministerio de Salud. Los hombres gay y bisexuales, y las personas trans femeninas, concentran la mayor parte de los nuevos diagnósticos. En ese contexto, incorporar herramientas más accesibles y efectivas no es opcional: es parte de la respuesta que el Estado debe a su propia ciudadanía.
El lenacapavir también tiene un perfil de seguridad favorable y, en comparación con otros tratamientos de rescate para el VIH multirresistente, ofrece una opción más sencilla logísticamente. Para pacientes que han desarrollado resistencia a múltiples esquemas de antirretrovirales, puede ser literalmente la diferencia entre una vida estable y una en deterioro constante.
El acceso como derecho
El debate sobre el lenacapavir es también un debate sobre quién merece acceso a lo mejor disponible en medicina. Históricamente, los avances en tratamientos de VIH llegan primero a los países ricos y tardan años en alcanzar los sistemas públicos latinoamericanos. Chile tiene la capacidad económica y técnica para acortar esa brecha, pero requiere voluntad política y presión ciudadana organizada.
La solicitud de Acción Gay es un primer paso concreto. El seguimiento corresponde tanto a las autoridades sanitarias como a la comunidad: conocer la existencia de este fármaco, entender por qué importa y exigir que el sistema responda. Vivir con VIH en Chile no debería significar acceder solo a las opciones del pasado cuando ya existen las del futuro.
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