Javier Reyes y Alejandro Vascone, pareja de Valparaíso, se convirtieron en el primer matrimonio del mismo sexo en adoptar oficialmente a un niño en la región, tras la aprobación del matrimonio igualitario en Chile. El pequeño llegó a sus brazos cuando tenía 11 meses; hoy ya tiene un año y tres meses de vida. Lo vivieron como un cambio profundo: “Nos citaron a una reunión y nos dijeron: ‘hay un niño que es idóneo para ustedes, y ustedes para él’. No lo pensamos dos veces… en una semana nuestra casa se transformó”, contaron.
El camino fue largo y con exigencias: evaluaciones psicológicas, charlas, entrevistas, visitas domiciliarias realizadas por el Servicio Mejor Niñez. Todo para demostrar que no se trata solo de cumplir trámites, sino de compromiso, responsabilidad y amor.
El marco legal que lo hizo posible
La Ley de Matrimonio Igualitario (Ley 21.400), promulgada en diciembre de 2021 y vigente desde el 10 de marzo de 2022, no solo equiparó el matrimonio entre personas del mismo sexo al matrimonio entre personas de distinto sexo: también les extendió los mismos derechos de adopción. Antes de esa ley, las parejas del mismo sexo podían existir legalmente bajo el Acuerdo de Unión Civil (AUC), pero este no habilitaba la adopción conjunta.
Con el matrimonio igualitario, las parejas casadas del mismo sexo pueden iniciar el proceso de adopción en igualdad de condiciones que las parejas heterosexuales casadas. En la práctica, sin embargo, el sistema tardó en adaptarse: los registros de postulantes, los protocolos de evaluación y la disposición de los organismos involucrados necesitaron tiempo para incorporar realmente a las nuevas familias posibles.
Lo que significa para las familias LGBTI+
Chile tiene miles de niños y niñas en el sistema de protección del Servicio Mejor Niñez esperando una familia. Al mismo tiempo, hay parejas del mismo sexo que desean ser padres o madres y que, hasta hace pocos años, no tenían ningún camino legal para hacerlo. La historia de Javier y Alejandro muestra que esos dos mundos pueden encontrarse, y que cuando lo hacen, el resultado es exactamente lo que se supone que debe ser una adopción: un niño con una familia que lo quiere y un hogar donde crecer.
Para la comunidad LGBTI+, este hito tiene una dimensión simbólica importante: la visibilidad de familias homoparentales funcionales y amorosas es la mejor respuesta a quienes argumentan que los niños y niñas “necesitan” una madre y un padre. Los estudios son claros: lo que determina el bienestar infantil no es la orientación sexual de los padres o madres, sino la calidad del vínculo afectivo y la estabilidad del hogar.
Un proceso exigente, igual para todos y todas
El proceso de adopción en Chile no es sencillo para nadie. Las evaluaciones del Servicio Mejor Niñez incluyen estudios socioeconómicos, evaluaciones psicológicas, entrevistas con trabajadoras sociales y visitas al hogar. La lista de postulantes es larga y la espera puede extenderse por años.
Javier y Alejandro pasaron por todo eso, igual que cualquier otra pareja. Y en algún momento del proceso, alguien del sistema miró su expediente y miró a ese niño de 11 meses, y vio que encajaban. Esa decisión (tomada dentro de un sistema que durante décadas los habría excluido por defecto) es también, a su manera, un acto histórico.
Para más información sobre los derechos de las familias LGBTI+ en Chile, visita nuestra sección del Directorio, donde encontrarás organizaciones que pueden orientarte en procesos legales y de adopción.
