Para la comunidad LGBTI+ chilena, la primera vuelta presidencial de 2025 no es solo una elección más. Es un momento bisagra en que las diferencias entre los candidatos y candidatas en materia de derechos tienen consecuencias concretas para millones de personas. El Movilh lo resumió con claridad en su análisis electoral: no todas las derechas son iguales frente a los derechos LGBTI+, y esa diferencia importa.
El escenario político
El análisis del Movilh anticipa que Jeannette Jara pasará a segunda vuelta con amplia ventaja desde la centroizquierda. En la derecha, la disputa entre Evelyn Matthei, José Antonio Kast y Johannes Kaiser sigue abierta, con diferencias profundas en sus posiciones frente a los derechos LGBTI+.
Matthei representa a la derecha tradicional, que ha mostrado disposición al diálogo aunque con resistencias puntuales en temas como adopción homoparental o identidad de género en menores. Kast es abiertamente contrario al matrimonio igualitario y a múltiples avances en derechos LGBTI+, habiendo propuesto en el pasado derogarlo. Kaiser, desde el libertarismo, tiene posiciones mixtas: favorable a la libertad individual pero reticente al rol del Estado en garantizar derechos específicos.
Lo que está en juego concretamente
Un gobierno con voluntad política puede avanzar en materias pendientes: la Ley ESI, el reconocimiento de familias diversas en el sistema de protección social, la implementación efectiva de la Ley de Identidad de Género, la formación en diversidad en las fuerzas de orden. Un gobierno sin esa voluntad puede no revertir todo lo conquistado, pero sí frenar avances durante cuatro años y generar un clima político que embolde a quienes promueven discursos de odio.
El matrimonio igualitario está aprobado por ley, no por fallo judicial, lo que lo hace más difícil de revertir que en otros países. Pero los derechos que aún no existen en papel, o que existen pero no se implementan, son vulnerables al vaivén político.
Votar con información, no solo con miedo
La tentación en elecciones con alta carga emocional es votar desde el miedo: el miedo al peor escenario posible, la urgencia de bloquear a quien más amenaza. Ese razonamiento tiene lógica, pero también tiene costos: puede llevar a apoyar opciones que no representan verdaderamente a la comunidad, solo porque son “el menos malo”.
Lo que la comunidad LGBTI+ puede hacer es exigir que todos los candidatos y candidatas se pronuncien con claridad antes del día de la votación. ¿Mantendrá el matrimonio igualitario? ¿Avanzará en Ley ESI? ¿Garantizará el acceso a salud trans en el sistema público? Las respuestas a esas preguntas valen más que los discursos genéricos sobre “libertad” o “familia”.
Votar con información es votar con poder. Y la comunidad LGBTI+ chilena tiene más poder electoral del que a veces se le reconoce.
