La cadena de gimnasios más grande de Chile cerró todas sus sedes de un día para otro y solicitará su liquidación. Miles de socios y socias se quedaron sin gym, sin plata y con excusa para saltarse el cardio. Aquí te contamos todo.
Imagina la escena: llegas a tu sede de Energy esta mañana con tu bolso, tu botella de agua y la energía justa para hacer algo de cardio antes de que se te pase las ganas. Y te encuentras con la puerta cerrada con llave, un cartel que dice “cerrado hasta nuevo aviso por motivos operacionales” y un silencio sepulcral donde antes había cumbia mezclada con el ruido de las pesas. Bienvenidos y bienvenidas al viernes más fitness del año: el día en que Energy Fitness Club cerró todas sus sedes en Chile al mismo tiempo, sin previo aviso, y anunció que solicitará su liquidación. En cristiano: quebraron. Con tus mensualidades adentro.
Para nuestra comunidad, el golpe tiene una dimensión extra. Seamos honestos y honestas: varias sedes de Energy eran, de facto, gimnasios gay. La de Providencia, la de Costanera, algunas en Las Condes. Sitios donde el ambiente era relajado, donde nadie te miraba raro por llegar con tu pareja del mismo sexo y donde el porcentaje de chicos mirándose al espejo era considerablemente más alto que el promedio nacional. Ese espacio desapareció esta mañana, junto con los $59.990 que muchos y muchas pagaron por adelantado el mes pasado.
El resumen ejecutivo del desastre
La caída de Energy no fue de golpe: fue una agonía de años con escala en cada crisis del país. El estallido social de 2019 les pegó fuerte. La pandemia casi los mata. Los cierres prolongados de gimnasios los dejaron sin ingresos durante meses mientras los arriendos de sus enormes locales seguían corriendo. En junio de 2025, lograron firmar un acuerdo de reorganización concursal con sus acreedores —básicamente, una promesa solemne de pagar ordenadamente— y todo el mundo respiró. Spoiler: no funcionó.
El Banco BCI presentó una demanda ante el 9° Juzgado Civil de Santiago acusando a Energy de incumplir ese acuerdo en casi todo lo que importa: no pagaron cotizaciones previsionales de sus propios trabajadores y trabajadoras en febrero de 2026, acumularon una deuda con la Tesorería General de la República superior a $1.363 millones en IVA y convenios impagos, y dejaron de pagar intereses a acreedores garantizados incluso después de que les prorrogaran los plazos. En resumen: les dieron una segunda oportunidad, una tercera y probablemente una cuarta, y la empresa igual no pudo. El comunicado oficial de Energy lo resume con esa elegancia corporativa que tanto amamos: llamaron a esto “el punto final de un largo proceso”. Qué poético.
“La solicitud de liquidación no representa el inicio de esta historia, sino el punto final de un largo proceso en el que la compañía intentó encontrar alternativas para preservar su continuidad.” — Energy Fitness Club, comunicado oficial, junio de 2026.
Y ahora, ¿qué pasa con Smartfit?
Aquí viene la parte que nadie quiere decir en voz alta pero todos y todas estamos pensando: si Energy colapsó, ¿quién sigue? La respuesta obvia que está circulando en todos los grupos de WhatsApp es que el Smartfit se va a llenar mal, la cadena brasileña que llegó a Chile con precios bajos, locales enormes y la promesa de democratizar el fitness. Y sí, es muy probable que en los próximos días sus sedes sufran una avalancha de nuevos socios y socias migrando desde Energy, lo que en teoría suena bien para ellos. Pero “colapsar de éxito” también es una forma de colapsar.
Smartfit está pensada para volúmenes masivos de personas, pero hay un límite entre “gym lleno de gente” y “no puedo usar ni una máquina porque hay fila para todo”. Si en los próximos días ves que las salas de Smartfit parecen la fila del Registro Civil, ya sabes por qué. El mercado fitness chileno acaba de perder a su jugador más grande y alguien tiene que absorber ese golpe. Lo que sí es predecible, sin necesidad de ser adivino ni adivina, es que sus sedes van a estar considerablemente más concurridas durante las próximas semanas.
Los trabajadores y las trabajadoras: los que siempre pagan la cuenta
En medio del drama de las mensualidades perdidas, hay una historia más grave que conviene no perder de vista: la de los cientos de instructores e instructoras, recepcionistas, personal de limpieza y administrativos que trabajaban en Energy. Muchos y muchas ya venían con cotizaciones previsionales atrasadas —eso lo dice la propia demanda de BCI— lo que significa que su AFP, su Fonasa o Isapre y su seguro de cesantía están en el aire. La ley chilena da preferencia a los créditos laborales en un proceso de liquidación, pero eso no garantiza ni que el dinero alcance ni que llegue pronto. Son las personas que llegaron a trabajar esta mañana y encontraron la misma puerta cerrada que sus clientes y clientas, con la diferencia de que ellos y ellas además perdieron su fuente de ingresos.
¿Qué haces si pagaste y el gym ya no existe?
La pregunta práctica que más importa: ¿puedes recuperar tu plata? La respuesta honesta es “quizás, con paciencia y algo de suerte”. Lo primero que debes hacer es guardar todos los comprobantes de pago que tengas —transferencias, estados de cuenta, capturas de la app, boletas digitales— porque los vas a necesitar. Lo segundo es ir al SERNAC, que ya debería estar activado para este caso. Puedes ingresar tu reclamo en sernac.cl o en cualquier oficina.
Si pagaste con tarjeta de crédito, tienes una opción más rápida y efectiva: el contracargo. Es un mecanismo que te permite disputar un cobro ante el banco emisor de tu tarjeta cuando el servicio pagado no fue entregado. Llama a tu banco, explica la situación y pide iniciar el proceso. Si tienes cuotas futuras pendientes de un plan anual, también puedes solicitar su suspensión inmediata. En un proceso de liquidación formal, los clientes y clientas que pagaron servicios no prestados son considerados acreedores valistas, que en teoría tienen derecho a recuperar su dinero, pero en la práctica depende de cuánto quede en la olla una vez que se paguen las deudas prioritarias. No es la noticia más alentadora, pero es la verdad.
¿Y ahora dónde entrenamos?
Dejando de lado el caos logístico, la pregunta real para nuestra comunidad es dónde reconstruir esa cotidianidad que Energy, querámoslo admitir o no, proveía. Más allá de Smartfit —que como decíamos va a estar más congestionado que el metro en hora punta— hay opciones interesantes. Los estudios boutique de entrenamiento funcional, yoga y ciclismo indoor tienen ambientes generalmente más diversos e inclusivos que las cadenas masivas. Los grupos de running LGBTI+ que operan en Santiago combinan ejercicio con comunidad de una manera que ninguna máquina elíptica puede replicar. Y los equipos deportivos organizados por colectivos como el Movilh —fútbol, voleibol, natación— son una alternativa que añade identidad a la rutina.
Energy se fue. El gym era una excusa para vernos, para cuidarnos y de paso para estar un poco mejores. Eso no desaparece con el cierre: solo cambia de dirección. Eso sí, si alguien sabe dónde quedaron los lockers de Costanera, que avise.
