Se presentaba como un doctor mexicano encantador, pero según la PDI y la Fiscalía filmaba encuentros sexuales sin consentimiento para luego exigir dinero. Hay entre 40 y 50 posibles víctimas y el llamado es claro: denunciar.
Perfil impecable, foto atractiva, profesión que inspira confianza y una conversación fluida que hacía sentir especial a quien estuviera al otro lado de la pantalla. Así, según la investigación, operaba el hombre que hoy está en prisión preventiva en Santiago, acusado de grabar citas sexuales sin el consentimiento de sus víctimas para después extorsionarlas a cambio de dinero o favores. La historia, revelada por The Clinic, tiene todos los ingredientes de una serie de true crime, pero aquí no hay guion: hay personas reales que confiaron en alguien que, de acuerdo con los antecedentes, nunca fue quien decía ser.
El imputado, identificado en la prensa como Rodrigo Pérez, de 26 años, se movía por aplicaciones de citas como Grindr bajo el apodo de “El Mexicano” y se presentaba como médico. Los detectives que siguieron su rastro le pusieron otro apodo, bastante menos simpático: “El psicópata de redes”. La investigación sigue abierta y será un tribunal el que determine su responsabilidad. Pero los antecedentes que maneja la Fiscalía son lo suficientemente graves como para que la comunidad preste mucha atención.
Cómo funcionaba el engaño
Según la información entregada por la Policía de Investigaciones, el método era tan simple como efectivo. Primero, la fachada: un doctor extranjero, educado, encantador. La PDI explicó que la profesión médica generaba una confianza previa en las personas que contactaba, algo que cualquiera que haya usado una app de citas entiende perfecto. Un “médico” suena a alguien con una vida ordenada, con algo que perder, con poco interés en meterse en problemas. Esa era justamente la trampa.
Luego venía la invitación. Los encuentros se concertaban en distintos puntos de Santiago y, en algunos casos, él incluso ofrecía dinero a cambio de la cita. Las víctimas terminaban en moteles, donde, según la investigación, eran grabadas sin saberlo y sin haber dado su consentimiento. El material quedaba guardado. Y cuando el imputado enfrentaba problemas económicos, sacaba esos videos del cajón para amenazar: o pagas, o esto se difunde. Es lo que hoy se conoce como sextorsión, una forma de violencia que se alimenta del miedo, la vergüenza y el silencio de quienes la sufren.
Seis semanas de investigación y un disco duro revelador
El caso estuvo a cargo de la Fiscalía Centro Norte y de la Brigada Investigadora de Delitos Sexuales de la PDI, que trabajaron durante seis semanas. Las primeras denuncias apuntaban a extorsiones y amenazas puntuales. Pero al cruzar los relatos, los y las investigadoras detectaron algo más grande: un patrón. Con esa sospecha se ordenó la entrada y registro a su domicilio, donde se incautaron su computador, su teléfono celular y un disco duro.
Ahí apareció lo que nadie quería encontrar: contenido sexual asociado a otras víctimas que todavía no habían denunciado. Hoy se estima que podrían ser entre 40 y 50 personas afectadas, entre ellas hombres, mujeres y también menores de edad, un antecedente que agrava todavía más el caso. El imputado fue formalizado por delitos de connotación sexual, extorsión y producción y almacenamiento de material, y quedó en prisión preventiva por al menos 180 días, el plazo fijado para la investigación.
Por qué esta historia nos toca de cerca
Aunque entre las posibles víctimas hay personas de distintas identidades, el escenario elegido no es casual. Grindr y otras apps son, para miles de hombres gay y bisexuales en Chile, una herramienta cotidiana para conocer gente, buscar pareja o simplemente pasarlo bien. Y ese espacio, que debería ser de libertad, sigue teniendo una vulnerabilidad específica: no todos y todas viven su orientación de forma abierta. Hay quienes no han salido del clóset con su familia, en su trabajo o en su entorno, y eso convierte un video íntimo en un arma de presión enorme.
Los extorsionadores lo saben y lo explotan. No es la primera vez que una app de citas se usa como vitrina para el engaño, y lamentablemente no será la última. Pero hay que desmontar una idea que aparece cada vez que se conoce un caso así: la responsabilidad no es de quien usa la aplicación, ni de quien aceptó una cita, ni de quien tuvo sexo con alguien que le pareció atractivo. Grabar a una persona sin su consentimiento y amenazarla con ese material es un delito. Punto. La vergüenza debe estar del lado del agresor, nunca del lado de la víctima.
Lo que podemos hacer como comunidad
La PDI hizo un llamado directo a que más personas denuncien y se sumen a la investigación. Y aquí está el corazón del asunto: muchas víctimas de sextorsión no denuncian por miedo a ser expuestas, por temor a que se sepa su orientación o por la sensación de que “nadie me va a creer”. Ese silencio es exactamente lo que estos delitos necesitan para seguir funcionando. Cada denuncia, en cambio, ayuda a armar el rompecabezas y a proteger a la próxima persona.
Si alguna vez tuviste una cita con alguien que se presentaba como un médico mexicano, o si reconoces el modus operandi, puedes acercarte a la PDI para entregar tu testimonio. Si estás viviendo una extorsión de este tipo, con este u otro perfil, hay algunas recomendaciones básicas: no pagar, porque el pago casi nunca termina con las amenazas; guardar capturas de pantalla de los mensajes, perfiles y números; no borrar las conversaciones; y denunciar ante la PDI o la Fiscalía. Apoyarse en amigos y amigas de confianza o en organizaciones de la diversidad sexual también puede hacer una gran diferencia para no enfrentar esto en soledad.
Y para el uso diario de las apps, un poco de sano escepticismo nunca está de más. Desconfiar de perfiles demasiado perfectos que evitan videollamadas, preferir un primer encuentro en un lugar público, avisarle a alguien dónde vas a estar y prestar atención a cualquier dispositivo extraño en el lugar del encuentro son hábitos simples que no le quitan lo entretenido a una cita y sí pueden evitar un mal rato. Cuidarnos entre nosotros y nosotras también es parte de lo que significa ser comunidad.
Este caso recién está empezando a recorrer el camino judicial y en GayChile seguiremos atentos a su desarrollo. Mientras tanto, queda una lección que vale para todos y todas: la confianza es lo más valioso que ponemos en juego cuando conocemos a alguien, y quien la traiciona para lucrar con la intimidad ajena es el único que tiene algo de qué avergonzarse.
