Niño trans denuncia agresiones en colegio de Maipú

Niño sufre agresión trasnfóbica en Maipú

La familia de un estudiante de 13 años acusa hostigamiento, insultos y agresiones físicas en su establecimiento, y apunta también a la conducta de un docente. El caso reabre una pregunta incómoda: ¿quién cuida a las niñas y los niños cuando el adulto no actúa?

Este artículo se redactó en base a la denuncia pública difundida por el Movilh sobre las agresiones transfóbicas contra un niño en un colegio de Maipú.

Ojo con esto, porque duele y porque es urgente. La familia de un niño trans de 13 años, estudiante de octavo básico en un colegio de Maipú, denunció una seguidilla de agresiones transfóbicas que incluyen humillaciones, hostigamiento sostenido y episodios de violencia física. Lo más grave no es solo lo que habría hecho un grupo de estudiantes, sino la sensación de desprotección: según el relato familiar, han recurrido varias veces a instancias internas del establecimiento sin recibir medidas efectivas de resguardo.

El caso, además, pone el foco en un punto que en Chile se repite más de lo que quisiéramos: cuando la convivencia escolar se maneja como “problema entre estudiantes”, se invisibiliza el deber del adulto. Y cuando un adulto minimiza, mira para el lado o comenta de forma discriminatoria, el mensaje para el curso es clarito: “se puede”.

Lo que denuncia la familia: hostigamiento sostenido y escalada en abril

Según el testimonio del padre, el hostigamiento viene desde el inicio de la transición del niño, durante el año pasado, con episodios de humillación, descalificaciones y agresiones físicas y psicológicas. Entre los hechos descritos, se menciona que compañeras y compañeros escribieron insultos en el pupitre y en el cuaderno del estudiante, y que un docente habría hecho un comentario frente al curso comparando su conducta “antes” y “ahora”, usando el nombre anterior del niño.

La situación habría escalado en abril de 2026. La familia relata un episodio de agresión física a la salida del establecimiento, en presencia de adultos que no habrían intervenido a tiempo, y ese mismo día insultos verbales dentro del gimnasio. Luego, el 21 de abril, se denuncia un nuevo hostigamiento grupal con empujones dentro del colegio, situación que, según el relato, fue presenciada por el padre y la madre tras llegar al lugar por una alerta del niño.

La escuela no puede “investigar eternamente”: el deber es proteger

Hay una frase que se repite en el relato familiar y que muchas madres y padres van a reconocer: “se revisarán cámaras”, “se investigará”, “se verá”. El problema es que, mientras la investigación se alarga, el niño igual tiene que entrar a clases. La protección no puede quedar para después, porque el “después” es cuando ya pasó otra agresión.

En Chile, el marco no es un adorno. Existen obligaciones concretas para los establecimientos respecto del buen trato y la prevención del acoso escolar. Y, si hablamos de estudiantes trans, hay lineamientos específicos para garantizar el derecho a la identidad de género en el ámbito educacional (por ejemplo, procedimientos para el reconocimiento social en el establecimiento y medidas de resguardo). Eso no depende de si al profesor le gusta o no le gusta: depende de derechos.

Leyes que entran en juego (y por qué importan en la vida real)

En un caso así se cruzan varias normas, y no es tecnicismo: es la diferencia entre “esto es una pena” y “esto se tiene que corregir con medidas”. La Ley 20.609 (Ley Zamudio) establece medidas contra la discriminación arbitraria y un mecanismo judicial para pedir restablecimiento del derecho cuando se vulnera.

También está la Ley 21.430, que reconoce a niñas, niños y adolescentes como sujetos de derechos y busca garantizar su goce efectivo, con especial énfasis en protección frente a vulneraciones.

Y, además, se suma la Ley 21.809 sobre convivencia, buen trato y bienestar de las comunidades educativas (publicada el 1 de abril de 2026), que apunta a prevenir y erradicar el acoso escolar y fortalecer el enfoque de buen trato en los establecimientos.

Dicho simple: el colegio no está “haciendo un favor” cuando actúa, está cumpliendo un deber.

Qué pueden hacer madres, padres y apoderadas y apoderados cuando pasa esto

Esto no reemplaza asesoría legal, pero sí sirve como mapa para no quedar a ciegas:

  1. Exigir medidas inmediatas de protección por escrito (no solo reuniones). Medidas tipo: acompañamiento en recreos, cambios de sala si corresponde, supervisión reforzada, plan de apoyo psicosocial y protocolos claros para entradas/salidas.
  2. Pedir que el establecimiento active su reglamento interno y que informe acciones concretas: investigación, sanciones, medidas reparatorias, y cómo se prevendrá la repetición.
  3. Denunciar ante la Superintendencia de Educación cuando hay vulneración de derechos, maltrato o discriminación. La Superintendencia tiene canales formales para denuncias y seguimiento.
  4. Solicitar que se aplique la Circular 812 y los protocolos de identidad de género en el establecimiento, con compromisos verificables (nombre social, trato, uniformes, espacios, confidencialidad, etc.).

Y si el niño está con angustia, miedo o síntomas de estrés, no hay que esperar a que “pase”. Que el apoyo psicológico llegue tarde es como poner un casco después del golpe.

Recursos de ayuda y orientación

Si tú eres mamá, papá, cuidadora o cuidador, o si eres estudiante y estás viviendo violencia o discriminación, hay canales que pueden orientar:

  • Fono Niños 147 (Carabineros): orientación y apoyo 24/7 ante vulneración de derechos de niñas, niños y adolescentes.
  • Fono Infancia 800 200 818: apoyo y orientación psicológica para temas de crianza y bienestar de niñas y niños.
  • Denuncias en educación: canales de la Superintendencia de Educación para denuncias por maltrato, discriminación y otras irregularidades.
  • Salud Responde 600 360 7777: orientación en salud 24/7 (útil si se requiere contención y guía para atención de salud mental).

Este caso no se trata de “sensibilidad” ni de “polémicas culturales”: se trata de un niño y de su derecho a estudiar sin miedo. Y se trata, también, de qué tipo de comunidad escolar estamos construyendo cuando el adulto no corta la violencia a tiempo. La convivencia escolar no se arregla con frases bonitas en una cartelera, se arregla con reglas claras, acciones rápidas y una idea básica: la dignidad de las niñas y los niños no se negocia.

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