La guerra en Irán podría encarecer los condones hasta un 30%

Condones podrían subir hasta 30% por Guerra en Irán

El mayor fabricante mundial de condones advierte que el conflicto armado en Medio Oriente está afectando las cadenas de suministro, y los precios podrían dispararse en los próximos meses.

Seamos honestos: a nadie le gusta gastar más en condones. Son un gasto necesario, indispensable, y sin discusión cuando se trata de cuidarse. Pero resulta que la geopolítica, ese tema que parece tan lejano a nuestra vida cotidiana, acaba de entrar al dormitorio. Y no precisamente de la manera que quisiéramos.

La guerra en Irán, que ha generado tensiones en el estrecho de Ormuz —una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo—, está provocando una seria disrupcón en las cadenas de suministro globales. Y entre los muchos productos afectados, hay uno que nos toca muy de cerca a los hombres y mujeres de la comunidad LGBTI+: los condones.

¿Quién fabrica los condones que usamos?

Karex, una empresa con sede en Malasia, es el mayor productor de condones del mundo. Cada año fabrica alrededor de cinco mil millones de unidades y exporta a más de 130 países. Entre las marcas que produce se encuentran nombres conocidísimos como Trojan y Durex. Es decir, con toda probabilidad, el condón que tienes en el cajón de tu velador fue fabricado por Karex o con materiales que ellos procesan.

Y Karex está preocupada. Muy preocupada. Su director ejecutivo, Goh Miah Kiat, declaró al diario The New York Times que la empresa no tiene más opción que subir sus precios. La razón: el costo de las materias primas necesarias para producir condones se ha disparado de manera alarmante a causa del conflicto bélico en Medio Oriente.

¿Qué tiene que ver una guerra con un condón?

Más de lo que parece. Los condones requieren, para su fabricación, una serie de insumos industriales: caucho sintético, nitrilo, aceite de silicona, papel de aluminio y materiales de embalaje, entre otros. Muchos de estos insumos se transportan por rutas marítimas que pasan por el estrecho de Ormuz, una angosta vía de agua entre Irán y la Península Arábiga. Con el conflicto armado activo en la zona, el paso de buques mercantes se ha vuelto incierto, costoso y en algunos casos directamente imposible.

El resultado: los precios de las materias primas se han duplicado. No subido un poco. Duplicado. Según Goh Miah Kiat, algunos insumos han registrado un alza del 100 por ciento, lo que hace inevitable trasladar parte de ese costo al precio final del producto.

“Algunos precios de materias primas han aumentado un 100 por ciento. No tenemos otra opción que hacer ajustes ahora.” Goh Miah Kiat, CEO de Karex, al New York Times

¿Cuánto más tendremos que pagar?

La advertencia oficial habla de un incremento de hasta un 30 por ciento en el precio de los condones a nivel mundial. Para el bolsillo chileno, que ya enfrenta alzas en múltiples productos del día a día, esto no es una noticia menor. Un 30 por ciento más en una caja de condones puede parecer poco, pero si hablamos de un insumo de uso frecuente —y esperamos que lo sea, queridas y queridos lectores—, el impacto se acumula.

Más allá del precio, la empresa también advirtió que si el conflicto se extiende y el acceso a alguno de los materiales clave se corta completamente, la producción podría detenerse. Y eso no sería solo un problema de precios, sino una crisis de disponibilidad con consecuencias reales para la salud sexual de millones de personas en todo el mundo, incluyendo Chile.

El riesgo silencioso: cuando el sexo seguro se vuelve más caro

Esta noticia tiene una dimensión que va mucho más allá de la economía doméstica. A nivel global, el preservativo sigue siendo una de las herramientas más efectivas para prevenir infecciones de transmisión sexual, incluyendo el VIH. Para las comunidades LGBTI+, que ya enfrentan barreras de acceso a salud sexual en muchos contextos, un encarecimiento significativo del condón puede tener consecuencias directas en las tasas de prevención.

No olvidemos que en Chile, el acceso a condones a bajo costo sigue siendo desigual según el territorio, el nivel socioeconómico y otros factores. Si los precios suben significativamente a nivel internacional, ese impacto llega a los estantes de las farmacias chilenas. Y las personas que ya hoy tienen dificultades para costearse su salud sexual serán las más afectadas.

La demanda sube, el miedo al pánico también

Curiosamente, Goh también señaló que la demanda de condones ha aumentado este año. Algo que, en otras circunstancias, sería una buena noticia —más gente cuidándose es siempre positivo—, pero que en este contexto añade presión sobre una cadena de suministro ya debilitada.

El ejecutivo no descartó que los consumidores y las consumidoras comiencen a hacer compras de pánico si la guerra no termina pronto, lo que podría agravar aún más el desabastecimiento. Es decir, el escenario podría ir de “los condones suben de precio” a “los condones son difíciles de conseguir”. Y eso, en cualquier idioma, es una mala noticia para todos y todas.

“Todos esperamos que esto termine rápido y de manera expedita.” Goh Miah Kiat, CEO de Karex

¿Qué podemos hacer mientras tanto?

La respuesta práctica e inmediata es simple: no reducir el uso de condones bajo ninguna circunstancia. El precio puede subir, pero el costo de no usarlos —en términos de salud sexual— es incomparablemente mayor. Si en los próximos meses notas alzas en las farmacias o supermercados, considera explorar marcas más económicas que ofrezcan la misma certificación de calidad. Muchos condones genéricos cumplen exactamente los mismos estándares que las marcas premium.

Por otro lado, organizaciones de salud sexual y centros comunitarios LGBTI+ en Chile suelen distribuir condones de forma gratuita. No dejes de informarte sobre esas opciones en tu ciudad. El Servicio de Salud, las ONG como Fundación Iguales o centros de atención a la diversidad son buenos puntos de partida para acceder a insumos sin costo.

En tiempos en que la geopolítica mundial parece cada vez más absurda e impredecible, lo que sí podemos controlar es nuestra propia salud y la de nuestras parejas. Y en eso, la comunidad LGBTI+ lleva décadas de experiencia y resiliencia. Un conflicto armado a miles de kilómetros de distancia no debería —ni puede— cambiar nuestros hábitos de cuidado.

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