“Doña Beja”: el drama de época brasileño nos tiene en modo obsesión

Doña Beja: el “Bridgerton” brasileño con trama queer
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Una telenovela de Brasil, con corsés, poder, venganza y tramas queer que no se quedan en el subtexto, está prendiendo redes y dejando a más de una persona con ganas de maratón.

¿Vieron esto? Mientras medio mundo sigue esperando la próxima tanda de capítulos de sus series “de prestigio”, Brasil llegó silenciosamente con una bomba de época que mezcla romance, escándalo, política de salón y deseo sin pedir permiso. Hablamos de “Doña Beja”, una telenovela ambientada en el Brasil imperial que, además de su drama clásico, está generando conversación por sus personajes y escenas queer que no pasan piola. Y sí: internet está haciendo lo suyo.

La cosa es así: esta producción se estrenó en Max / HBO Max y revive una historia que ya era conocida en la televisión brasileña. Es un remake de la telenovela “Dona Beija” de 1986, pero con una lectura más amplia, más actual en su sensibilidad, y con un elenco potente encabezado por Grazi Massafera.

¿Quién es Doña Beja y por qué todo el mundo habla de ella?

En el centro de todo está Ana Jacinta de São José, una mujer cuya historia se cuenta como una especie de tragedia con vuelta larga: parte enamorada, termina transformada en alguien que aprende a jugar —y ganar— con las reglas del poder. En la trama, Ana vive en Araxá (Minas Gerais) y su vida se quiebra cuando es secuestrada por un funcionario ligado a la corte, quedando atrapada por años en una situación de abuso y control.

Cuando logra escapar y volver, no encuentra el abrazo social que una esperaría. Al contrario: el pueblo la mira con sospecha, la juzga, la trata como “culpable” en vez de víctima. Y ahí viene el giro que hace que esta historia sea tan adictiva: Ana decide reinventarse como Doña Beja, y abre un burdel de lujo para recuperar agencia, dinero y poder en un mundo que le quería quitar todo.

El ingrediente que tiene a la comunidad mirando: queer sin pedir disculpas

Dato importante: el ruido en redes no viene solo por el melodrama (que está servido), sino por cómo esta versión abre el foco y suma más vidas y deseos dentro del relato. Entre esas historias paralelas aparece Fortunato (interpretado por João Villa), un joven de buena familia que carga con el peso de lo “correcto”: un matrimonio arreglado, prestigio, apellido… y un conflicto interno que lo desarma.

Según lo que levantó Queerty, su historia da un salto grande cuando la tensión que venía “a fuego lento” se convierte en un encuentro sexual con otro hombre, en una escena que se viralizó y dejó a muchas y muchos comentando entre el “qué fuerte” y el “gracias, Brasil”.

Lo interesante —más allá del morbo fácil— es lo que esa escena subraya: lo peligroso que era (y es) vivir auténticamente cuando tu entorno te exige máscara permanente. En una época donde la reputación podía ser una condena, la serie pone el cuerpo para mostrar el costo de la clandestinidad, sin convertirlo en pura tragedia decorativa.

No es solo “el gay de la trama”: hay más personajes y capas

Otra decisión que ha llamado la atención es la inclusión de Severina, un personaje trans interpretado por Pedro Fasanaro, quien funciona como figura clave en la vida de la protagonista. Que una historia de época incorpore una presencia trans con peso narrativo (y no como chiste o adorno) es un giro que se siente intencionado: te dice que esta versión quiere hablar del pasado, sí, pero con ojos del presente.

Y por si fuera poco, la serie también explora una trama romántica entre mujeres vinculada a Doña Beja, reforzando la idea de que su “liberación” no es solamente económica o social, sino también íntima: la posibilidad de desear fuera del libreto que la sociedad le escribió.

¿“Bridgerton” brasileño? Sí, pero con colmillo propio

Se entiende la comparación con “Bridgerton”: vestuario, sensualidad, intriga y un mundo de normas sociales que se rompen (o se pagan). Pero “Doña Beja” juega en otra cancha: es más telenovela en su ADN —más giro, más intensidad, más “no te creo nada, pero dame el próximo capítulo”— y eso, para muchas y muchos, es justamente el encanto.

Ojo con esto: cuando una serie de época decide meter diversidad de verdad (no solo insinuada, no solo para cumplir), pasa algo bacán: el drama deja de ser postal y se vuelve espejo. “Doña Beja” está logrando eso: entretener con el exceso delicioso de la telenovela, mientras abre espacio para historias queer que históricamente se dejaron fuera o se escondieron bajo la alfombra.

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