Gabriel J. Martín vuelve con “Quiérete mejor, maricón”: autoestima sin humo

Quiérete Mejor Maricón
Affiliates 728x90

Diez años después de Quiérete mucho, maricón, el psicólogo Gabriel J. Martín lanza una especie de “secuela” enfocada en autoestima, con ejercicios prácticos y una idea central: a muchos hombres gays nos enseñaron a tratarnos peor.

Hay libros que llegan como abrazo y también como sacudida. Y eso es justamente lo que propone Gabriel J. Martín con Quiérete mejor, maricón, su nuevo manual pensado para hombres gays, donde se mete de lleno en un tema que a veces se evita por vergüenza o por cansancio: la autoestima. No la autoestima “instagram”, esa de frases bonitas para subir el lunes. La autoestima real: la que se construye (o se rompe) con años de mensajes, miradas, insultos, silencios, comparaciones y esa sensación de que hay que “ganarse” el derecho a estar bien.

Martín no parte desde un lugar abstracto. Dice que a muchos hombres homosexuales se nos ha hecho sentir, desde chicos, que merecemos ser tratados peor. Y cuando ese mensaje se recibe una vez, duele; cuando se recibe repetido durante años, termina armando una voz interna que te habla con desprecio. Es fuerte leerlo así de claro, pero también es liberador, porque pone nombre a algo que muchas y muchos hemos sentido sin poder explicarlo bien: que la homofobia no solo está afuera, también se puede quedar viviendo adentro.

Una década después: ¿por qué otra vez “Quiérete…”?

El libro tiene una historia bien simbólica. Martín publicó Quiérete mucho, maricón hace diez años y se volvió un clásico para mucha gente: un manual directo, afirmativo y sin rodeos, que ayudó a ordenar ideas sobre aceptación, culpa y homofobia interiorizada. Ahora vuelve con Quiérete mejor, maricón, que él mismo describe como una especie de continuación, pero con foco específico: cómo mejorar la autoestima.

La diferencia que marca es importante: este nuevo texto se plantea como un libro fundamentalmente práctico, con ejercicios y actividades. O sea, menos “teoría para entender” y más “herramientas para hacer”. Y eso igual tiene sentido: una cosa es leer y sentirte identificado; otra cosa es entrenar la forma en que te hablas, cómo te miras, cómo te cuidas y cómo pones límites.

Por qué la autoestima gay se complica tanto (y por qué no es culpa tuya)

Martín entrega dos razones que suenan simples, pero son gigantes.

Primero, el peso de los mensajes sociales con que crecimos: durante décadas (y en muchos casos todavía), la homosexualidad se asoció a etiquetas estigmatizadas. Eso se filtra lento, como humedad: no siempre te das cuenta cuándo entró, pero un día notas que estás valorándote menos, pidiendo menos, aceptando migajas o creyendo que “así es nomás”.

Segundo, la violencia. No solo la violencia física. También el acoso, el insulto, la burla, la amenaza, la humillación cotidiana. Martín plantea que esa violencia trae un mensaje adjunto: “mereces un trato peor”. Y cuando el bullying o el rechazo aparecen en la infancia o adolescencia, el impacto es distinto: se vuelve parte de la identidad, como si el mundo te estuviera “explicando” quién eres.

Y ojo: que hoy exista más visibilidad o más derechos no borra automáticamente esa mochila. Hay mucha gente que creció escuchando cosas brutales y ahora vive en un mundo más amable… pero con la misma voz interna castigadora de siempre.

Las amenazas típicas: estigma, competitividad y masculinidad tóxica

En la entrevista, Martín enumera varios “enemigos” clásicos de la autoestima gay: estigma, rechazo, competitividad, masculinidad tóxica y prejuicios, entre otros.

Y acá hay un punto que pega en la comunidad: la competitividad. Porque sí, la homofobia viene de afuera, pero a veces también se cuela en dinámicas internas: compararse todo el tiempo, sentirse menos “atractivo”, menos “masculino”, menos “deseable”, menos “correcto”. Y ahí aparece el loop: te sientes inseguro, buscas validación en el cuerpo, te pones metas imposibles, te frustras, te castigas… y la autoestima se va más al suelo.

Martín lo dice sin moralina: hay chicos que intentan compensar una baja autoestima con “cuerpos apabullantes”, y eso termina generando más presión y más sufrimiento. No es criticar el gimnasio ni el cuidado corporal; es advertir que cuando el cuerpo se vuelve única moneda, la paz mental queda hipotecada.

La recomendación central: autocompasión, pero en serio

Si hay una idea que Martín repite con fuerza, es la autocompasión. Y acá conviene precisarlo, porque mucha gente confunde autocompasión con “pena”. No va por ahí. Lo que propone es desarrollar una voz interna que te trate con amor y confianza, en vez de con desprecio y exigencia brutal.

En simple: aprender a hablarte como le hablarías a tu mejor amigo o tu mejor amiga cuando está mal. Con firmeza si hace falta, pero con cariño. Con verdad, pero sin crueldad. Suena obvio, pero es dificilísimo cuando creciste pensando que el cariño hay que ganárselo siendo perfecto.

Martín también dice algo que se queda dando vueltas: al terminar el libro sintió tristeza por constatar cuánto desprecio aprendimos hacia nosotros mismos, pero esperanza al pensar que eso se puede reentrenar. Esa mezcla es muy real: duele mirar hacia atrás, pero también alivia saber que no estamos condenados a tratarnos mal para siempre.

¿Para quién es este libro?

Aunque el foco es “hombres gays”, el tema toca a mucha más gente: bisexuales, hombres trans, personas queer que han vivido vergüenza o rechazo, e incluso familias y amistades que quieren entender por qué alguien puede “tenerlo todo” y aun así sentirse insuficiente. No es que el libro vaya a resolver la vida en tres páginas, pero sí se siente como un mapa: te muestra por dónde se te fue rompiendo la autoestima y te propone ejercicios para reconstruirla, paso a paso.

Y eso, en tiempos donde todo se reduce a “sé feliz” o “sé tu mejor versión”, se agradece. Porque acá no hay promesa de magia. Hay trabajo, práctica y una idea bien clara: merecemos tratarnos mejor.

Quiérete mejor, maricón llega como recordatorio y como herramienta: que la autoestima no se arregla con postureo, y que el daño no nació “porque sí”, sino porque a muchos hombres gays nos educaron en la vergüenza, el estigma y el miedo. La buena noticia es que se puede desaprender. No de un día para otro, pero sí con práctica, autocompasión y comunidad. Y si un libro te ayuda a empezar, ya es un paso enorme.

Comparte :)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *