El Movilh denunció que el gobierno se alineó con una ofensiva internacional para empujar una definición binaria de género en Naciones Unidas. La iniciativa no avanzó, pero la señal es preocupante.
En menos de dos semanas, la política exterior chilena ya está dando señales que tienen a la comunidad con el ceño fruncido. Según denunció el Movilh, el gobierno respaldó en Naciones Unidas la apertura de un debate impulsado por Estados Unidos para restringir el concepto de “género” solo a hombres y mujeres. La iniciativa finalmente no prosperó, pero el punto —para el movimiento— no es solo el resultado, sino la decisión de Chile de alinearse con una cruzada que busca recortar el marco de derechos de las personas trans y de la diversidad de género.
La cosa es así: el Movilh sitúa este episodio justo después de otra polémica reciente, cuando el gobierno se restó de una declaración LGBTIQ+ en la OEA. Y ahora, según la organización, Chile vuelve a quedar del mismo lado que países y liderazgos que empujan una mirada restrictiva: una especie de “retroceso por goteo”, donde no se anuncia una medida gigantesca, pero sí se van acumulando decisiones que, juntas, cambian el clima.
Qué fue lo que se intentó hacer en la ONU
El hecho ocurrió en el marco de la 70ª sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW), un espacio de Naciones Unidas donde se discuten políticas y resoluciones sobre igualdad, derechos y protección. De acuerdo con el Movilh, Estados Unidos buscaba que se votara una resolución que descartara cualquier interpretación del género distinta a “hombre” o “mujer”, abriendo paso a una lectura binaria cerrada.
Chile, según el reporte, se alineó con Estados Unidos y otros países (se mencionan, entre otros, Pakistán y la República Democrática del Congo) para permitir que la propuesta se sometiera a votación. El gobierno, por su parte, habría sostenido que solo apoyó que la resolución fuera discutida y votada, sin fijar posición final sobre el fondo.
Hasta ahí, suena como un tecnicismo. Pero es justo ahí donde el Movilh marca el punto político: para que una ofensiva así avance, primero necesita que se abra la puerta. Y abrir la puerta, dicen, ya es una decisión.
Por qué no se votó (y por qué igual prendió las alarmas)
Según lo informado, Bélgica, en representación de la Unión Europea, presentó una “moción de no acción” (una forma de bloquear que una propuesta se debata). Esa moción fue apoyada también por Brasil y terminó aprobándose por 23 votos a favor, 3 en contra y 17 abstenciones, lo que impidió que la resolución estadounidense se discutiera y votara.
En simple: el intento no resultó. Pero para la comunidad, el “casi” importa, porque muestra intenciones y alineamientos.
“Transfobia, pura y dura”: el tono del Movilh
El Movilh fue durísimo en su diagnóstico. Para la organización, sumarse a la apertura del debate no es neutro: es ponerse del lado de una estrategia que busca erosionar derechos y empujar una visión regresiva del género. Su crítica es que Chile estaría actuando de forma contradictoria con sus propios avances internos, porque el país ha reconocido derechos y ha construido marcos legales que dependen de comprender que sexo biológico y género no son lo mismo, y que la vida real no cabe en una definición binaria cerrada.
Además, el Movilh advierte un riesgo muy concreto: cuando desde espacios internacionales se re-instala la idea de que el género “solo puede ser” hombre/mujer, se habilita un efecto dominó. Lo que hoy es un debate en la ONU, mañana puede ser argumento para políticas restrictivas en educación, salud, documentación, deporte, seguridad y trato institucional. No porque pase automáticamente, sino porque el discurso crea piso.
La pregunta de fondo: ¿qué está intentando lograr el gobierno con estas señales?
Acá conviene separar dos planos. En lo formal, un gobierno puede decir: “no definimos postura, solo quisimos que se vote”. Pero en política internacional, eso rara vez es inocente. Si tú ayudas a que una iniciativa controversial llegue al plenario, lo que estás haciendo es darle oxígeno: le das tiempo de micrófono, posibilidad de sumar abstenciones, espacio para lobby, titular internacional y una narrativa de “esto es debatible”.
Por eso la discusión es tan sensible. Porque los derechos humanos no deberían depender de una mayoría coyuntural, y menos de una estrategia comunicacional. Si el Estado chileno se había mantenido durante años en una línea relativamente consistente en foros multilaterales —independiente del color político—, el cambio de tono se lee como un mensaje.
Y ese mensaje no queda en Nueva York. Llega a Chile. Llega a colegios, familias, consultorios, oficinas públicas. Llega a quienes ya viven con miedo o con cansancio de estar justificando su existencia.
La parte clave que muchas veces se confunde: sexo no es género
El comunicado del Movilh insiste en una distinción básica que suele ser el centro de estas peleas: sexo biológico se refiere a características físicas (cromosomas, hormonas, anatomía), mientras que género se relaciona con identidades, roles y expresiones construidas social y culturalmente, y reconocidas por múltiples estándares internacionales.
No es un “capricho moderno”. Es una forma de entender la realidad con un mínimo de precisión. Y cuando se busca restringir “género” a una fórmula binaria rígida, lo que se hace, en la práctica, es negar la existencia y la dignidad de personas trans y de otras experiencias de género que existen, han existido siempre, y merecen protección.
Qué pide el Movilh ahora
El movimiento llama al Estado a rectificar la estrategia, a dejar de empujar aperturas de debate regresivas, y a cumplir obligaciones internacionales garantizando respeto y protección sin exclusiones. Y eso, para muchas y muchos, se traduce en una expectativa bien concreta: que Chile no use los foros internacionales como laboratorio para retroceder en derechos, aunque sea “de a poquito”.
Esto no es un debate académico, es una discusión con consecuencias. Cuando Chile apoya abrir puertas a definiciones restrictivas en la ONU, no solo participa en una pelea semántica: participa en una disputa por el marco que protege vidas reales. Hoy se bloqueó. Mañana puede volver con otra forma, otro nombre o más aliados. Y por eso vale la pena mirarlo con atención desde ya, sin esperar a que el daño sea irreversible.


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