Rachel Reid: Ilya “se ablandó”, Shane es autista y existe un chat grupal

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La autora de Game Changers habló del proceso creativo que transformó su romance de hockey en fenómeno global: cómo cambió Ilya en los borradores, por qué Shane es autista “a propósito” y lo surreal de pasar de e-book de nicho a mesas gigantes en librerías.

Si Heated Rivalry te agarró por el cuello con hockey, deseo y una relación que se arma a punta de tensión y cariño real, hay una buena noticia: Rachel Reid (la autora) se sentó a conversar con Pink News y dejó varios datitos que explican por qué la historia funciona tan bien. Y lo mejor es que no lo cuenta como “marketing”, lo cuenta como alguien que todavía está procesando que hace poco era una autora de nicho, con libros mayormente en digital, y ahora tiene una serie exitosa, actores convertidos en estrellas y un fandom que analiza hasta el último suspiro.

Reid habló de dos decisiones creativas súper claves. La primera es que Ilya no nació como lo conocemos. En los primeros borradores era “más pesado”, más “jerk”, más cercano al estereotipo del bad boy cruel que dice cosas hirientes porque sí. Y después, mientras reescribía y se metía más en su cabeza, lo fue “suavizando”. No en el sentido de hacerlo fome, sino de hacerlo más humano: menos pose y más persona. Shane, en cambio, cambió poco: siempre fue el eje principal que ella tenía claro desde el inicio.

Y esa diferencia se nota en pantalla. Porque el encanto de Ilya no es solo que sea descarado; es que su descaro tiene capas. Si al personaje le hubieran dejado solo el “modo provocación”, se habría agotado rápido. Lo que lo vuelve inolvidable es que debajo hay miedo, ternura, orgullo, rabia, vergüenza y ganas de querer bien. Reid lo describe con una frase sencilla: “Ilya cambió mucho”. Y sí, se siente.

Shane es autista y no es “teoría de fans”: fue intencional

Aquí viene un dato importante para quienes aman leer subtexto (y para quienes se enojan cuando el subtexto se vuelve explícito): Reid dijo que sí, Shane es autista, y que esa lectura fue deliberada. En la etapa del primer libro, ella lo escribió más desde su personalidad y su forma de estar en el mundo. Pero entre Heated Rivalry y The Long Game su propia vida la llevó a aprender más sobre neurodivergencia (por evaluaciones de su hijo), y ahí le hizo clic: “Ah, claro. Shane es autista”.

Lo interesante es que, según cuenta, el equipo creativo lo captó sin que ella tuviera que “convencer” a nadie. El showrunner/director Jacob lo vio de inmediato, Hudson Williams (quien interpreta a Shane) también, y hasta se daba ese momento en conversaciones con Connor Storrie (Ilya) donde Hudson salía a defender una acción de Shane con algo tipo: “no, está haciendo eso por esto, porque es autista”. Y ese matiz importa un montón, porque Reid también explica que, por esa misma razón, Shane a veces es malinterpretado: por personajes dentro de la historia y por algunas y algunos lectores/espectadores que pueden leer ciertas frases como “frías” o “pesadas”, cuando en realidad tienen que ver con dificultad para leer claves sociales, ansiedad internalizada y rigidez frente a ciertos estímulos.

En otras palabras: no es un “rasgo lindo” para decorar. Es parte de cómo Shane procesa el mundo y cómo ama. Y en romance, ese tipo de representación (bien pensada, bien actuada) no es solo inclusión: es profundidad emocional.

Sí, existe un chat grupal con los actores (y es tan caótico como imaginas)

Este dato es puro pop: Rachel Reid confirmó que tiene un chat grupal con Connor Storrie y Hudson Williams. Y acá se viene lo mejor, porque esto pinta perfecto la dinámica: dice que son “unos locos”, que se tiran tallas, que a veces el chat es muy dulce y a veces es puro leseo. En un momento, Connor cambió el nombre del chat a “Shilya and the creator” (sí, “Shilya”, el ship, y “la creadora”), y Reid lo encontró adorable.

También contó un detalle muy humano de “fandom al revés”: ella pudo ver cortes preliminares de episodios antes que ellos, y cuando comentaba cualquier cosa, los dos se ponían celosos y le respondían con un “ya, cállate”. Esa es la clase de energía que, honestamente, uno quiere en adaptaciones: gente que está metida, que cuida la historia y que se siente orgullosa de la obra original.

Y hay otro punto que Reid subraya: le emociona que la mencionen. Dice que muchas y muchos autores no son nombrados por actores o equipos creativos, pero que acá ha sido distinto, y que eso la tiene agradecida. Es un gesto simple, pero marca: reconocer a quien escribió la base no cuesta nada y dice mucho del equipo.

De “secreto underground” a fenómeno en librerías: el salto de la literatura queer

Reid también habló de un cambio cultural que a varias y varios nos ha tocado ver en tiempo real: cómo la romance queer pasó de ser algo casi clandestino a ser parte del mainstream. Ella lo describe como un “antes” donde estos libros eran e-book, autopublicación, compras directas a autores, casi como un circuito secreto; y un “después” donde hoy existen mesas enteras de romance queer a la entrada de librerías grandes.

En esa historia, ella identifica un hito clave: Red, White & Royal Blue como punto de quiebre. No porque “inventara” la romance queer, sino porque tuvo una vitrina gigante, marketing masivo y presencia física en tiendas (hasta en aeropuertos). Para quienes ya escribían en ese género, eso fue una señal de “esto va a cambiar”. Y cambió.

En el caso de Reid, el cambio se sintió literal: sus libros no habían salido en papel hasta hace relativamente poco. Recién el año pasado tuvieron edición en formato trade paperback por primera vez, y ahora —con el impulso del show— están llegando a grandes librerías que antes no los pedían. Es decir: la serie no solo es trending, también es una palanca de industria.

Lo más rico de esta entrevista es que confirma algo que el fandom sospechaba: Heated Rivalry no pegó solo por “química” o por escenas hot. Pegó porque está construido con cariño y con cabeza: personajes que evolucionan (Ilya no nació “perfecto”), decisiones conscientes de representación (Shane es autista y se actúa desde ahí), y un momento cultural donde el romance queer dejó de ser “el primo raro del estante”. Y sí: además hay un chat grupal. Porque en 2026, si no hay group chat, ¿existió de verdad?

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