Un nuevo estudio comparativo internacional mostró que una parte importante de las y los estadounidenses sigue mirando la homosexualidad con juicio moral. Y el tema no queda en “opinión”: se cruza con violencia, política y clima social.
A veces pensamos que Estados Unidos es “el país donde todo es más liberal”, sobre todo si miramos series, celebridades y Pride gigantescos. Pero cuando uno se va a los datos duros, la postal cambia. Según un reporte internacional, un 39% de las y los adultos en EE.UU. considera que la homosexualidad es “moralmente incorrecta”. Sí, casi 4 de cada 10. Y lo más llamativo es que, en comparación con otros países occidentales, Estados Unidos aparece como uno de los más proclives a ponerle etiqueta moral a la orientación sexual.
La cosa es así: el estudio preguntó en 25 países (con trabajo de campo durante 2025) si ciertas conductas eran “moralmente aceptables”, “moralmente inaceptables” o “no son un tema moral”. En ese set de preguntas cayó la homosexualidad, junto con otras como aborto, alcohol, apuestas, etc. Y ahí se ve el contraste: mientras en varios países de Europa Occidental la aceptación de la homosexualidad supera el 90%, en EE.UU. el porcentaje que la condena es mucho más alto.
¿Por qué importa más allá del titular?
Porque “moralmente incorrecto” no es una frase inocente. No es lo mismo decir “no es mi estilo” (que ya sería discutible) a decir “esto está mal”. La primera suena a preferencia; la segunda suena a juicio. Y cuando un tema se enmarca como “moral”, tiende a transformarse en campo de batalla: se vuelve combustible para campañas, leyes, discursos religiosos-políticos y, en el peor escenario, excusas para restringir derechos o justificar agresiones.
Además, el mismo reporte muestra otra cosa bien pesada: en EE.UU. más de la mitad describe la moralidad de sus compatriotas como “mala”, algo que no se repetía con esa fuerza en el resto de los países encuestados. En simple: no es solo “qué pienso de la homosexualidad”, sino un clima general de desconfianza moral hacia el resto. Y cuando una sociedad está pegada en modo juicio, las minorías suelen llevar la peor parte.
El contraste europeo y la pregunta incómoda: ¿qué está pasando en EE.UU.?
Si uno mira el mapa comparado, la diferencia con Europa Occidental es brígida. En países como Suecia, Alemania, España y Países Bajos, la percepción de que la homosexualidad es moralmente aceptable supera el 90%. En EE.UU., el escenario es más mixto: hay apoyo alto a derechos como el matrimonio igualitario, sí, pero también hay un bolsón relevante que sigue mirando la orientación sexual como algo “incorrecto”.
Esto ayuda a entender por qué en Estados Unidos conviven dos realidades al mismo tiempo: por un lado, ciudades donde ser gay es lo más normal del mundo y, por otro, estados donde la agenda anti-LGBTQ+ se instala con fuerza. No es solo geografía: es cultura, política, religión, educación, medios… todo mezclado.
Cuando el debate baja a tierra: discriminación, violencia y “no es tan grave”
Y acá entra otro dato que se cruza con este cuadro. Un sondeo reciente mostró que las y los adultos en EE.UU. están prácticamente divididos al evaluar si la discriminación contra personas LGBTQ+ es un problema serio: hay porcentajes parecidos entre quienes creen que es “muy serio”, “algo serio”, “menor”, o derechamente “no es un problema”. En otras palabras: para una parte importante del país, el tema ni siquiera alcanza estatus de urgencia.
Ese tipo de percepción tiene efectos concretos: si la gente cree que “ya está todo resuelto”, baja la presión pública para proteger derechos, financiar políticas, sancionar delitos de odio o frenar discursos peligrosos. Y cuando baja la presión, aparecen los vacíos.
En paralelo, organizaciones de derechos LGBTQ+ han advertido sobre aumentos en incidentes anti-LGBTQ+, especialmente durante períodos de alta visibilidad como el Pride. En reportes recientes se contabilizaron cientos de incidentes en un solo mes, con categorías que incluyen vandalismo, agresiones, amenazas y hasta intentos de incendio. Y aunque no todo se explica por “lo moral”, sí hay un hilo conductor: cuando una parte de la sociedad cree que tu existencia es “incorrecta”, el salto a tratarte como objetivo se vuelve más fácil para los peores actores.
¿Y esto qué tiene que ver con Chile?
Harta gente podría decir “ya, pero eso es EE.UU., problema de ellos”. Pero ojo con esto: lo que pasa allá, muchas veces se exporta como guion. Narrativas sobre “valores”, “familia”, “ideología” y “pánico moral” suelen viajar rápido por redes, por campañas y por ciertos medios. Entonces, mirar estos datos no es solo curiosidad internacional: también sirve para entender cómo se construye el clima cultural que después llega a nuestras discusiones locales.
Y hay otra lección, más simple pero clave: los avances legales no son el final de la historia. Se puede tener matrimonio igualitario, celebraciones masivas y estrellas pop aliadas… y aun así mantener una franja grande de población que cree que amar distinto está “mal”. El trabajo cultural y educativo no se reemplaza con una ley, por muy importante que sea.
Que casi 4 de cada 10 en EE.UU. siga diciendo que ser gay es “moralmente incorrecto” no es un dato para el pánico, pero sí para la lucidez. Nos recuerda que los derechos se defienden en tribunales y en el Congreso, sí, pero también en la sala de clases, en la conversación familiar, en la pega y en la tele. Y que cuando el debate se vuelve “moral”, conviene ponerse firmes: nuestra dignidad no se vota ni se sermonea.
¿Creen que en Chile también existe un “juicio moral” parecido, aunque se esconda detrás de frases más suaves? ¿Dónde lo ven más: familia, política, redes, colegios?


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