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Kaiser, en cierre de campaña: incitación al odio contra la comunidad trans

Johannes Kaiser - Gay Chile

En su acto final antes de las elecciones, Johannes Kaiser no solo buscó votos: también repartió insultos. El candidato encendió las alarmas entre los y las defensoras de derechos humanos con un discurso cargado de desinformación y odio hacia quienes apoyan a niños, niñas y adolescentes trans. En su intervención, llegó al punto de calificarlos como “degenerados” y los acusó falsamente de “hormonizar menores de edad”.

No fue un exabrupto cualquiera. No fue un error de expresión. Fue parte central de su mensaje, de su propuesta política y de lo que, al parecer, considera una forma legítima de apelar al electorado más radical. Y eso, para nuestra comunidad, no puede ser pasado por alto.

El problema no es solo lo que dijo, sino cómo lo dijo

“Ustedes andaban hormonizando menores de edad”, gritó frente a sus adherentes, en un acto realizado en Providencia. “Empezar con el apoyo al cambio de sexo a niños de tres años… ¡Son unos degenerados!”, continuó, mientras sus seguidores coreaban la palabra “degenerados” con entusiasmo. El tono era de juicio moral, de linchamiento simbólico. Un mensaje claro de exclusión y violencia dirigido no solo a personas trans, sino a toda la red de apoyo que les acompaña: familias, docentes, profesionales de la salud, organizaciones de DDHH.

El problema es doble: no solo criminaliza una realidad que merece comprensión y apoyo, sino que además se basa en datos falsos, irónicamente en las pantallas del evento se proyectaba la frase “defiende la verdad”. En Chile, ningún niño o niña de tres años es sometido a tratamientos hormonales. Las terapias de afirmación de género para menores se hacen bajo estrictas condiciones médicas, con evaluación psicológica y consentimiento familiar. Las intervenciones quirúrgicas, en tanto, están autorizadas solo para personas mayores de 18 años.

Desinformación peligrosa: el combustible del odio

Lo que hizo Kaiser no es nuevo en la política internacional: se llama “pánico moral”. Es un recurso usado para agitar a un grupo de votantes apelando al miedo y al rechazo, construyendo una amenaza donde no la hay. En este caso, la amenaza inventada es que hay personas queriendo “cambiar el sexo a los niños” de forma masiva. Esa narrativa no solo es falsa, sino que ha sido desmentida en múltiples ocasiones por instituciones médicas, jurídicas y sociales.

La intención de estos discursos no es debatir ideas, sino instalar prejuicios. Y cuando se trata de niñes trans —una de las poblaciones más vulnerables del país— el impacto puede ser devastador. Hablamos de bullying, de violencia familiar, de abandono escolar, e incluso de suicidios. ¿Cuántas veces tendremos que repetir que las palabras matan?

Las respuestas no se hicieron esperar

El Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) denunció públicamente las declaraciones del candidato, señalando que sus palabras constituyen violencia simbólica y un grave retroceso en materia de derechos humanos. “Es intolerable que un político use a los niños y niñas trans como blanco de odio para ganar votos”, declararon desde la organización.

También llamaron a no votar por Kaiser, advirtiendo que este tipo de discursos solo fomentan la intolerancia, la discriminación y la desinformación. Desde otras agrupaciones de la diversidad sexual y de género, como Fundación Selenna y Todo Mejora, surgieron mensajes de apoyo a las familias trans y llamados a cuidar el voto.

¿Y ahora qué? Nuestra respuesta como comunidad

Lo que pasó con Kaiser debe ser una señal de alerta para todos y todas quienes creemos en la dignidad humana, la igualdad y la justicia social. La política no puede seguir siendo terreno fértil para el odio. Y no podemos permitir que las vidas de niños, niñas y adolescentes trans se conviertan en carne de cañón electoral.

Como comunidad LGBTIQ+, y como ciudadanía activa, es momento de decir basta. Basta de discursos que desinforman. Basta de candidatos que violentan. Basta de campañas construidas desde el miedo y el desprecio. La próxima elección es una oportunidad para levantar la voz con fuerza y decir: no en nuestro nombre.

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