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Suicidio tras denuncia de transfobia laboral

Denuncia Suicidio tras denuncia de Transfobia

El caso de Sol Millacura ha golpeado fuerte, y no solo por la crudeza del hecho, sino por todo lo que revela sobre cómo funciona realmente la discriminación cuando no se enfrenta a tiempo. Sol era periodista, trabajaba en la Seremi de Salud de Valparaíso y durante meses denunció malos tratos, aislamiento y presiones para ocultar su identidad de género. Lo que ella vivió no fue un problema administrativo, no fue un malentendido ni una diferencia laboral común. Fue transfobia. Y terminó quitándose la vida el 11 de noviembre de 2025. Es una frase que duele escribir y que debería hacernos reaccionar a todos los hombres gay del país, porque aunque no seamos nosotros quienes estábamos en esa oficina, sí sabemos lo que significa vivir en un entorno donde tu identidad es cuestionada, ridiculizada o castigada.

Según lo que reportó Movilh, Sol advirtió en su demanda que estaba siendo apartada de actividades oficiales, que le cuestionaban su vestimenta, su forma de hablar y hasta su nombre. Relató que su salud mental estaba quebrándose en un ambiente hostil. No fue escuchada. Fue despedida en marzo, pese a estar en medio de una crisis emocional y médica. Ese acto, aparentemente administrativo, fue para ella un golpe más en una cadena de vulneraciones. Quienes hemos vivido discriminación en espacios laborales sabemos perfectamente cómo duele cuando tu trabajo se vuelve un campo de batalla contra tu propia existencia.

La reacción inicial del mundo político tampoco estuvo a la altura. El Frente Amplio partido al que pertenecía Sol emitió un mensaje expresando condolencias, pero no mencionó la palabra transfobia ni pidió responsabilidades a la Seremi. El silencio institucional se siente casi como una segunda agresión. Es el tipo de silencio que los hombres gay conocemos cuando una agresión homofóbica ocurre y de pronto todos miran al techo, o cuando un compañero de trabajo lanza un comentario hiriente y nadie dice nada “para no armar problemas”. Ese mismo silencio que protege al abusador y deja solo al agredido. Por eso este caso no puede quedar archivado, porque nos habla a todos los que en algún momento hemos pasado por esa soledad.

Movilh exigió respuestas directas a la Seremi y al Ministerio de Salud. Y es lo mínimo. Cuando alguien se suicida después de denunciar discriminación dentro de una institución pública, no puede haber declaraciones vacías ni comunicados tibios. La pregunta es clara: ¿qué se hizo para proteger a Sol cuando pidió ayuda? ¿Qué protocolos se activaron? ¿Qué seguimiento hubo? ¿Por qué una persona trans terminó despedida mientras denunciaba un ambiente hostil? El país necesita saberlo y no como un gesto político, sino como una responsabilidad ética. La muerte de Sol no puede convertirse en una nota al pie.

Para nosotras y nosotros este caso es una advertencia. La transfobia y la homofobia no son fenómenos separados. Son primos hermanos que nacen del mismo rechazo a lo diferente, del mismo miedo a lo que no encaja en la norma más pobre. Cuando una persona trans muere por hostigamiento institucional, también mueren nuestras propias garantías de que podremos vivir y trabajar tranquilos. Porque si una institución puede fallarle así a una persona trans, puede fallarnos a cualquiera de nosotros cuando cometamos el “pecado” de no actuar como esperan. Nuestra comunidad no puede permitirse mirar esto desde la distancia.

También debemos hablar de salud mental. En nuestra comunidad sabemos lo que es cargar con estrés, esconder cosas, manejar culpas que no son nuestras y sortear ambientes laborales o familiares donde no siempre se nos respeta. Y aun así, seguimos tratándola como un tema secundario, como algo que se comenta bajito. El caso de Sol demuestra que la salud mental es una urgencia. Nos recuerda que debemos estar atentos a los amigos, a los compañeros, a quienes se ven cansados, a quienes dejan de hablar, a quienes están peleando solos en un sistema que no los mira. Y también nos recuerda que pedir ayuda no puede seguir siendo un lujo o un tabú.

La muerte de Sol debe ser un punto de inflexión para Chile. No basta con condenar; hay que actuar. La Seremi tiene que explicar, el Ministerio tiene que responder, el Estado tiene que revisar por qué falló, los partidos deben asumir sus responsabilidades. Pero nosotros también tenemos que cuestionarnos qué tipo de comunidad queremos ser. Una que aparece solo cuando hay un escándalo mediático o una que acompaña, que escucha, que se involucra antes de que sea demasiado tarde. La transfobia no se combate solo con leyes; se combate con cultura, con presencia, con hablar, con apoyar, con intervenir cuando alguien está siendo tratado injustamente.

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