La edición 2026 de los Premios Grammy, celebrada en Los Ángeles, se transformó en un espacio de alto contenido político, con mensajes directos sobre migración, visibilidad queer y resistencia cultural. Lo que comenzó como una alfombra roja repleta de figuras usando pines con la frase “ICE OUT” se convirtió en una ceremonia marcada por discursos, performances y símbolos cargados de significado.
Bad Bunny, al recibir el premio a Álbum del Año por Debí Tirar Más Fotos, el primer disco íntegramente en español en ganar esa categoría en la historia de los Grammy, abrió su discurso con un claro “ICE out” y reafirmó la humanidad de las personas migrantes. “No somos salvajes, no somos animales, no somos alienígenas. Somos humanos y somos americanos”, declaró. Su mensaje fue ovacionado de pie y marcó el tono de la noche.
Billie Eilish, ganadora de Canción del Año, utilizó su tiempo en el escenario para expresar que “nadie es ilegal en tierras robadas”, crítica directa que fue parcialmente censurada en la transmisión televisiva. Olivia Dean, reconocida como Mejor Artista Nueva, recordó que es nieta de migrantes y destacó el valor de la valentía y la herencia cultural. Artistas como Kehlani, Justin Bieber, Joni Mitchell y Carole King también llevaron el pin.
Además del contenido político, los Grammy 2026 ofrecieron momentos de alto impacto visual y emocional. Como señaló Queerty, la ceremonia fue también una celebración de lo queer, con una marcada estética camp —ese estilo visual y performativo lleno de glamour, dramatismo y exceso—. Lady Gaga fue una de las protagonistas de ese espíritu, con una interpretación gótica de Abracadabra en la que apareció cubierta de plumas negras y rojas, acompañada de una escenografía teatral que combinó fuerza, vulnerabilidad y provocación estética.

Sabrina Carpenter presentó Manchild con una coreografía ambientada en un aeropuerto, rodeada de bailarines vestidos como asistentes de vuelo. La propuesta fue leída como una sátira pop, al mismo tiempo provocadora y estilizada. Justin Bieber, por su parte, sorprendió con una actuación minimalista y emocional, descalzo y sin camisa, utilizando solo loops de guitarra para construir su presentación.
Lola Young recibió el premio a Mejor Actuación Pop Solista por Messy, tras un retiro temporal por salud mental. Su discurso agradecido y sincero fue uno de los más celebrados, reflejando cómo los Grammy también pueden ser un espacio para visibilizar procesos personales de recuperación.
La noche también tuvo momentos intergeneracionales. Cher fue homenajeada con un premio honorífico y presentó la categoría de Grabación del Año con su estilo espontáneo e irreverente, saltándose el guion con naturalidad. Su aparición cerró un círculo simbólico: una figura icónica para la comunidad LGBTIQ+ en una noche dominada por discursos de orgullo, inclusión y resistencia.
Trevor Noah, conductor del evento por última vez, cerró su ciclo con ironías dirigidas al expresidente Donald Trump, quien respondió con ataques en su red social Truth Social. A pesar de las tensiones, Noah mantuvo el equilibrio entre humor, comentario político y conducción artística, reafirmando el rol de los Grammy como espacio de libertad expresiva.
La gala dejó en evidencia que los Grammy ya no son solo una premiación musical. Son, cada vez más, una plataforma de proyección cultural donde artistas —muchos de ellos parte de la comunidad LGBTIQ+ o aliados visibles— utilizan su visibilidad para levantar la voz, desafiar estructuras y celebrar identidades. La edición 2026 quedará registrada como una de las más políticas, diversas y estéticamente atrevidas de su historia.

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