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Heated Rivalry inspira a un jugador de hockey real a salir del clóset

A veces una historia ficticia no solo entretiene, sino que enciende vidas reales. Eso es justo lo que está ocurriendo con Heated Rivalry, la serie queer sobre hockey que se ha transformado en fenómeno global —no solo en las pantallas, sino en la vida de personas que viven con miedo a mostrarse auténticas.

Mientras la trama de Heated Rivalry sigue conquistando audiencias con la historia de amor entre dos jugadores profesionales, en la vida real un exdeportista de hockey llamado Jesse Kortuem decidió salir públicamente como gay, y no fue sencillo: durante años había dejado el deporte porque sentía que no podía conciliar su carrera con ser abiertamente gay… hasta que la serie lo inspiró a dar ese paso tan íntimo y poderoso.

Ficción que rompe silencios: cuándo la mirada importa

Heated Rivalry narra la relación secreta entre dos estrellas del hockey sobre hielo, Shane Hollander e Ilya Rozanov, rivales en la cancha y amantes fuera de ella. La historia no solo entrega romance y química —lo que también—, sino que pone en primera fila las tensiones que viven muchos atletas: el miedo a ser juzgados, a perder oportunidades e incluso a no ser aceptados por sus propios equipos o por la cultura deportiva tradicional.

Este tipo de representación rara vez se ve en medios masivos, especialmente en deportes mayormente masculinos como el hockey profesional. Y ese espejo, paradójicamente, fue el que ayudó a Jesse Kortuem a reconocer lo que llevaba dentro: su verdadero yo.

¿Realidad o efecto dominó?

El impacto de Heated Rivalry no termina ahí. Aunque no hay jugadores gay activos en la NHL (la principal liga de hockey sobre hielo en Norteamérica), la conversación sobre la sexualidad en el deporte ha aumentado y muchos ven en la serie una oportunidad para abrir diálogos tabúes.

Es importante decir también que existen opiniones diversas dentro de la comunidad deportiva: figuras como Brock McGillis, quien fue uno de los primeros jugadores profesionales en salir del clóset, han expresado escepticismo acerca de que la serie vaya a provocar que más atletas profesionales se animen a salir públicamente. Él señala que Heated Rivalry puede gustar como ficción, pero que las estructuras y culturas dentro del deporte siguen siendo una barrera real.

Precisamente este debate —si la ficción inspira salidas del clóset o si se queda en el entretenimiento— evidencia un punto clave: el deporte aún tiene un largo camino para normalizar la visibilidad LGBTQ+.

Cuando la ficción se siente personal

La historia de Jesse Kortuem pone sobre la mesa algo crucial: no todo cambio debe ser monumental o mediático para ser poderoso. Para muchos atletas y aficionades al deporte alrededor del mundo, el simple acto de reconocerse a sí mismos, de sentirse vistos y de aceptarse, es una victoria enorme.

Y es ahí donde entra el valor de las historias como Heated Rivalry: no como una respuesta perfecta a todos los problemas de la homofobia en el deporte, sino como una chispa que puede encender reflexiones, conversaciones y —sí— decisiones personales profundas.

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