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Boletin dominical - 07/03/10 |
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El viernes 23 de febrero de 1791, Wesley respondió a la petición de un acaudalado mercader londinense de nombre Belson, a quien conocía muy poco, pero quien quería que lo aconsejara después de la muerte de su esposa. Los veintiséis kilómetros de la casa de Wesley en Londres, hasta la residencia de Belson en la villa de Leatherhead, era un viaje arduo para un anciano. Después que estuvo conversando con él en privado por hora y media, Belson entonces le informó que había enviado a sus sirvientes a la villa para que invitara a todos, a que vinieran y escucharan su predicación. Colmando la elegante mansión, los habitantes de la villa escuchaban concentrados cómo Wesley predicaba sobre Isaías 55:6: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano”. |
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Boletin dominical - 28/02/10 |
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El Señor: «¿Acaso no sabías que yo siempre me ofrecí como tu abogado y en realidad, aunque nunca solicitaste mis servicios, de todos modos yo desempeñé mi función a perfección. ¿Por qué no reconociste esta maravillosa verdad y no te abocaste a mi servicio? Permaneciste acurrucado como un inútil, cuando tenías todas las oportunidades que los demás cristianos que se dedicaron a servirme? ¿Recuerdas lo que yo mandé escribir en 2 Timoteo 2:11-13: ‘Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él; si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará. Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo’. Yo tengo que ser fiel. Te prometí salvación sin obras y por eso te tengo aquí. Pero también te comuniqué muy a tiempo que, además de la salvación, habría remuneración. Pero tu pecado favorito (¿lo recuerdas?) te mantuvo alejado, lo que por parte mía te pertenecía, si fueras un cristiano consagrado». |
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Boletin dominical - 14/02/10 |
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Supongamos que cuando un ser amado fallece, luego pueda comunicarse con sus familiares y amigos. Ya hemos dado un vistazo a una madre y esposa que llega al cielo, habiendo sido salva. Esto fue en nuestro boletín anterior. Ahora pensemos en un caballero y lo vamos a llamar... “Perdido”. Se trata de un padre y esposo, respectivamente, quien, aunque más de una vez escuchó el evangelio, murió sin ser salvo. Desde el infierno logra comunicarse con su familia (¿vía electrónica?). Sabemos que no existe tal posibilidad, pero de existir, ¿qué escribiría “Perdido” a familiares y amigos que dejó en el mundo? Aquí va un correo imaginario: «Les escribo desde el infierno, cuya existencia siempre la he negado, ya que me parecía una tontería de los religiosos cuya única finalidad (pensaba yo) era asustar a sus seguidores, ignorantes y crédulos, con un lugar de severo castigo llamado infierno. Yo me creía no tan ingenuo ni ignorante. Pero... ¡Cuán cierto es esto! |
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Boletin dominical - 07/02/10 |
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Dicen aquellos que han tenido la experiencia de la... «muerte clínica», que han visto su cuerpo sobre una camilla y los médicos tratando de volverlo a la vida... que no entendían por qué estos estaban tan preocupados por hacer algo por ese cuerpo. Bíblicamente hablando, la llamada «muerte clínica» corresponde a casos donde el corazón se detiene, pero el alma (espíritu) aún no ha abandonado el cuerpo. Dicho en términos médicos, «las células aún no han muerto». No hace mucho los medios de comunicación informaron que en un hospital aquí en la ciudad, una criatura de pocos días había sido entregada a sus familiares, quienes se la llevaron a una mortuoria y la estaban “velando”. Pero mientras conversaban, repentinamente oyeron una vocesilla de la criatura en su ataúd, porque en realidad no había muerto. Estornudó y se movió. Grande fue la sorpresa de quienes estuvieron allí, especialmente sus padres. |
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Boletin dominical - 31/01/10 |
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7. «Nunca más confesaré derrota». “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento” (2 Co. 2:14). ¿Sabía usted que el único que nunca sufrió derrota fue nuestro Señor? Es necesario jamás pecar, porque el pecado es derrota. Pablo admitió su problema de derrota en Romanos 7:19-21, 24: “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí... ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”. |
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